El Departamento de Trabajo de Estados Unidos reportó el viernes pasado que la tasa de desempleo en septiembre escaló hasta el 9,8 por ciento, su nivel más elevado desde junio de 1983, cuando se situó en 10,3 por ciento.
El presidente Barack Obama declaró a su regreso de Copenhague, donde intentó infructuosamente que Chicago fuera elegida como sede de los Juegos Olímpicos 2016, que la cifra de la desocupación era un "recordatorio aleccionador" de que la recuperación económica será difícil.
Eurostat, la oficina estadística europea, había señalado a comienzo de la misma semana que el índice de desocupación el zona del euro había alcanzado su máximo en casi una década, cuando trepó en agosto hasta un 9,6 por ciento.
A ambos lados del Océano Atlántico quedó demostrado que el desempleo es la más grande piedra en el zapato para una vigorosa recuperación, y que los estímulos económicos no deben ser retirados hasta que se logre estabilizar el mercado laboral.
La Ocde ha solicitado, en la misma sintonía, que se debe destinar un esfuerzo similar al utilizado ante la crisis financiera para sortear la sangría en el recorte de puestos de trabajo.
La propuesta debe ser tenida muy en cuenta en todas las economías del mundo, sin importar su nivel de desarrollo, ya que cada mes las noticias en el frente laboral son poco alentadoras.
En Japón, por ejemplo, el desempleo bajó dos décimas en agosto, contra todos los pronósticos. Falta ver si el Gobierno nipón lograr dar con la receta para reponer el mercado.
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