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Martes 14 de Febrero de 2012

Editorial / Disminuir obstáculos

Cuando comenzó la presente crisis internacional, diversos analistas pronosticaron un incremento de la xenofobia en las naciones más ricas. El fenómeno, definido por la Real Academia como "odio, repugnancia u hostilidad hacia los extranjeros", es tan viejo como la misma humanidad, pero se ha convertido en un tema de creciente impacto político.

Como es conocido, tanto en Europa como en Norteamérica y algunas regiones prósperas de Asia han sido impuestas barreras con el fin de controlar el flujo de personas que parten a otras latitudes en busca de un futuro mejor. Las medidas restrictivas no han hecho más que aumentar en los últimos tiempos de la mano de los mayores índices de desempleo, pues la creencia de que los inmigrantes les quitan su puesto a los trabajadores locales es compartida por los diversos electorados.

En ese contexto resulta sorprendente lo dicho por el Informe de Desarrollo Humano que fue presentado oficialmente por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ayer en Tailandia. Según el documento, el desplazamiento masivo de personas, tanto dentro de un mismo territorio como internacionalmente, es una realidad innegable con lo cual lo aconsejable es disminuir los obstáculos vigentes, por los efectos benéficos que esto tendría. Semejante propuesta es, por decir lo menos, audaz a la luz de las circunstancias actuales. Pero más allá de que sea un imposible político no está de más considerar los planteamientos hechos.

Para comenzar, el escrito afirma que casi una séptima parte de la población mundial, unos 954 millones de personas, ha cambiado su lugar de residencia. De ese total, tres de cada cuatro lo han hecho dentro de su propio territorio y lo normal es que las motivaciones sean económicas, tal como ha ocurrido en China en donde las zonas costeras de rápido crecimiento han atraído un inmenso volumen de ciudadanos provenientes de regiones más pobres. Por su parte, la mayoría de los 214 millones de personas que han franqueado la frontera de otras naciones no se han trasladado hacia territorios mucho más prósperos, sino de niveles de progreso equivalentes. De hecho, apenas el 37 por ciento de los migrantes (unos 70 millones) ha salido de países en desarrollo a aquellos que son desarrollados.

Esa cifra puede sonar pequeña en relación con el despliegue que reciben noticias como la captura y deportación de quienes buscan a entrar a Estados Unidos por la frontera con México o de los trágicos naufragios de lanchas atestadas de africanos en el estrecho de Gibraltar. Sin embargo, el PNUD sostiene que el alto costo del desplazamiento limita inmensamente los flujos de personas, además de las razones culturales. La entidad afirma que casi seis de cada 10 migrantes se van a un país donde la principal religión es la misma que en su sitio de origen y cuatro de cada 10, a un territorio con el mismo idioma.

Tales circunstancias chocan con una realidad incuestionable. Esta tiene que ver con el envejecimiento paulatino de las sociedades más ricas en donde la baja en las tasas de natalidad está conduciendo a disminuciones en el tamaño de la población, además de a la insostenibilidad de los sistemas pensionales en los que la proporción de jubilados frente a trabajadores activos ha cambiado en forma sustancial. A todas estas, la ONU insiste en que las evidencias muestran que el balance de la migración es netamente positivo, porque la gran mayoría de los llegados se integra a las corrientes laborales y empieza a pagar impuestos con rapidez.

Por tal motivo, el PNUD sostiene que si se reducen las barreras existentes al movimiento de personas y se mejora el trato de los migrantes, todos salen ganando. En concreto, la entidad propone que se liberalicen y se simplifiquen los canales oficiales para que las personas con poca calificación puedan buscar trabajo en el extranjero. También habla de garantizar derechos básicos, reducir los costos de transacciones asociadas al tema y convertir a la movilidad en un asunto integral en las estrategias nacionales de desarrollo. Tales ideas tienen poca acogida en el mundo industrializado, a pesar de la lógica con que cuentan. Y es que a sabiendas de que los movimientos migratorios son predecibles e inevitables, es mejor que todos ganen si éstos ocurren en forma más equitativa y ordenada que ahora.

Publicación
portafolio.co
Sección
Otros
Fecha de publicación
5 de octubre de 2009
Autor

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