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Martes 14 de Febrero de 2012

La W

Ahora que han empezado a aparecer en las vitrinas de los almacenes los pegotes de algodón que anuncian el fin del año, los analistas económicos parecen estar de acuerdo en que el crecimiento de la economía colombiana será ligeramente positivo en el 2009 y que oscilará entre 2 y 2,5 por ciento en el 2010.

¿Y cómo será el desempeño económico de ahí en adelante? El resto del mundo ya se está haciendo esa pregunta, lo que ha llevado a los especialistas a evaluar si la reactivación tendrá forma de V o de W. En el primer caso la actividad económica tendría una recuperación sostenida en el 2010, tras haber alcanzado su punto más bajo en el primer trimestre de este año. En el segundo caso sucedería lo mismo en primera instancia, pero al poco tiempo la economía tendría una nueva recaída, lo que postergaría la recuperación definitiva un par de años más.

¿De qué depende que la recuperación tenga forma de V o de W? De lo que los atletas denominarían un ejercicio de relevos. La incipiente recuperación actual ha sido impulsada esencialmente por políticas fiscales expansionistas. Mientras en los países desarrollados esa expansión ha sido monumental, en el nuestro ha sido un chiste, pero con todo y eso ha servido: el sector que más creció en Colombia en el segundo trimestre de este año fue la construcción, jalonada por las obras civiles ejecutadas por los gobiernos regionales y locales.

Pero el gasto del Gobierno no puede expandirse indefinidamente porque generaría desequilibrios macroeconómicos insostenibles. Hay que recordar que el déficit fiscal es uno de los aspectos que más preocupa de la economía colombiana en la actualidad, como lo muestra la última Encuesta de Opinión Financiera de Fedesarrollo o el más reciente informe de la calificadora de riesgo Fitch. Eso significa que el gasto público no podrá ser el motor de la recuperación, y debería entregar la posta a otras fuentes de demanda como la inversión, el consumo o las exportaciones.

La mala noticia es que ninguna de esas tres fuentes de gasto tiene buenas perspectivas. El uso de la capacidad instalada en la industria colombiana ha caído a los precarios niveles del comienzo de esta década, lo que no genera incentivos para nuevas inversiones en el futuro próximo. Entre tanto, el consumo carga el lastre de nuestro alto desempleo (uno de los mayores de América Latina), la informalidad y la creciente carga financiera de las familias.

¿Y las exportaciones? Ante las grises perspectivas de Venezuela y Ecuador, hay que fijar la atención en las exportaciones tradicionales y en Estados Unidos. En este frente el balance es agridulce: aunque es probable que nuestras ventas de materias primas vayan a la par con el vigoroso crecimiento de Asia, las perspectivas de la economía estadounidense son frágiles. Con un déficit fiscal y una deuda pública que alcanzarán este año los enormes montos de 12 y 70 por ciento del PIB, el gasto público no podrá seguir jalando la economía por mucho tiempo, y su lugar tendría que ser ocupado por un gasto privado que aún no da señales de vida.

Ante ese panorama, más vale que empecemos a seguir el debate sobre la forma que tendrá la recuperación en los países desarrollados, porque de eso dependerá que nosotros perdamos nuestra incipiente reactivación por W.

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
15 de octubre de 2009
Autor
MAURICIO REINA Investigador Asociado de Fedesarrollo

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