Últimas Noticias de Economía y Negocios de Colombia y el Mundo

Martes 14 de Febrero de 2012

Tasa de cambio y competitividad externa

De salida hay que aceptar que la tasa de cambio tiene efectos sobre la competitividad de las exportaciones. Por eso, esta variable es fundamental para explicar el comportamiento de la oferta exportable. Este es un hecho incontrastable. Sin embargo, no es el único factor que la afecta y, este es el motivo por el cual la política tiene que verse desde otros horizontes, pues la creencia de que un país es más competitivo si tiene una moneda más depreciada pasó a la historia. La visión de hoy es mucho más integral y, si se quiere, inclinada a aceptar otros elementos que concurren a la generación de mayor valor agregado.

Para no ir demasiado lejos, las exportaciones son más competitivas cuando el ambiente que rodea el funcionamiento de las unidades productoras de bienes o servicios es propicio al crecimiento sostenido de la productividad y de los ingresos de la población. La disciplina macroeconómica, la calidad de las instituciones y la capacidad de desarrollar y aplicar tecnologías son ingredientes fundamentales del referido entorno. Acudiendo a la enseñanza bíblica, vale decir: "no sólo de pan vive el hombre".

Es cierto, valga la insistencia, que en una economía pequeña y relativamente abierta como la colombiana, una apreciación tiene no sólo efectos sobre la asignación de recursos entre los sectores de rubros transables y no transables, sino que también afecta la tasa de crecimiento de largo plazo. El desarrollo del sector de no transables (lo mismo que el de los sustitutos de importaciones) tiene un límite estrecho, determinado por el tamaño del mercado interno. El aumento de las exportaciones, por lo general, no está sujeto a limitaciones.

Con todo, no es suficiente que la tasa de cambio se encuentre en relativo equilibrio, para que las cosas funcionen bien. La calidad de las instituciones -entendido el término instituciones como las reglas de juego que los ciudadanos reconocen en sus relaciones y las entidades que las gobiernan- es factor fundamental para lograr resultados positivos.

Los cambios abruptos y persistentes de las normas, los fallos amañados de los jueces, el incremento constante de los 'costos transacción' por ausencia de agentes del Estado en la administración de justicia, la precariedad de los títulos de propiedad conforman la línea de ataque a las sanas intenciones de tener un entorno favorable a la buena calidad de las instituciones. Igual cosa se puede decir del cambio tecnológico, que para mal de los pecados de nuestro país no da trazas de salir del hueco en que por años se encuentra. Es paradójico que en un periodo de avances tecnológicos acelerados como fueron los años noventa, cuando las oportunidades de producción y comercio aumentaron en forma tan dinámica, se haya registrado una disminución de la productividad. Por fortuna, en el último año se ganaron algunas posiciones en la escala de producción de los países.

Durante la última década de los noventa, la productividad aumentó en forma más acelerada en los países con mejores instituciones. El indicador, que capta cuatro aspectos de la calidad del Gobierno: el imperio de la ley, el control de la corrupción, la efectividad de la administración pública y la calidad del marco regulatorio muestra en forma clara esa realidad. En nuestro medio, por desgracia, la cuestión es distinta y muy poco le podemos pedir a los exportadores, pues la calidad de las instituciones es mala.

rosgo12@hotmail.com

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
21 de octubre de 2009
Autor
GABRIEL ROSAS VEGA Ex ministro de Agricultura

Publicidad