Qué difícil es ahora conversar. Ese placer que implicaba hablar de cultura, de libros, de política, apasionadamente, pero sin agredirnos, es cada día más escaso. Para comenzar, en la conversación se debe hacer el inventario sobre los temas que se encuentran vedados con el interlocutor.
Por ejemplo, si nuestro contertulio es cristiano, católico, marxista o musulmán, no se puede hablar de religión y ni siquiera de la Biblia, el Corán o El Capital, cuyos textos de fábulas y fantasías son más apasionantes que las Mil y una noches.
Si el tema es internacional debería empezar clarificando si se encuentra de acuerdo en todo con Obama o con Bush. Si se refiere a Chávez, Correa o Morales positivamente, debe odiar a Uribe. Si la cosa es con Uribe, debe odiar a todos los demás. Lula no crea tantas controversias, parece tan 'bonachón'y centrado. Lo mejor es ser de derecha, los del centro no están bien vistos.
Si usted es de izquierda moderna y moderada, tendrá que manifestar enfáticamente su total rechazo a las Farc, negar toda ideología y estar dispuesto a negociar cualquier cosa por unos voticos y hablar mal de sus antiguos compañeros de ruta. Ah, eso sí, debe ser rumbero, pero honesto. Si por el contrario pertenece a los radicales, debe estar rodeado sólo por sus más cercanos, practicar el clientelismo, ser fundamentalista en lo ideológico y descalificar a todo aquel que piense distinto a usted.
Si por el contrario es de derecha, debe empezar por aceptar que todo se justifica por la patria, la religión y la tradición y, por supuesto, sus propios privilegios y los de sus compinches. Debe amar al nacional-socialismo, sus métodos y reconocer que usted es como 'Dios, sólo que mucho más confiable'. Su ética debe ser una: lo que le convenga.
La filosofía está out. En literatura únicamente Best Sellers, ojalá el último que no haya sido publicado en Colombia para poder pontificar sin que nadie lo contradiga. La poesía es de sensibleros, solamente hable de ella después del décimo trago compartido, para que nadie se acuerde al otro día.
Si el tema es la sociología es mejor eliminarlo de un plumazo. Eso de hablar de los pobres, el desempleo, la desigualdad o de la miseria, es puro populismo. Si escribe una columna, cuídese de los comentaristas, son tan agudos que lo pueden llevar sin solución de continuidad a silenciarse definitivamente.
Pero, siempre queda el tema salvador, el preferido por los gringos o los europeos, que aparentemente no provoca conflicto: el clima. Eso sí, tenga sumo cuidado con no incluir en la conversa el fenómeno del 'Niño', una expresión puede llevar a otra y de pronto termina refiriéndose a los derechos de la infancia o a los de la mujer.
De ahí a la cátedra del aborto hay sólo un paso y en ese momento podría aparecer como enviado divino, el señor Procurador, abrirle una investigación o, en su defecto, enviarlo directamente a los Tribunales de la Inquisición.
Corre el riesgo de ser sometido al escarnio público o a la hoguera: por bocón. Mi consejo es que se vuelva un misántropo. ¡Ah! y que aprenda a hablar solo y contestarse, eso sí, nunca se lleve la contraria.
dgumanam@unal.edu.co
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