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Martes 14 de Febrero de 2012

Sin sorpresas

Hace cinco años, engañado con promesas de trabajo, fue llevado a las inmediaciones de Caracas un grupo de jóvenes colombianos que el régimen de Chávez convirtió en la fuerza de avanzada para derrocar al Gobierno y asesinar al líder supremo. Como efecto del 'aplacamiento' con el que se decidió -equivocadamente- manejar nuestras relaciones con el energúmeno vecino, ni protestamos, ni nos opusimos, ni los defendimos como era necesario y los dejamos a su suerte, permitiendo que la mentira y la falacia se consolidara como una verdad inobjetable. Hasta llegamos a agradecerle a Chávez su magnanimidad cuando empezó a liberarlos. El reclinatorio en su mejor manifestación.

Hace poco, ese 'ataque' se trajo nuevamente a cuento, pero con un ingrediente más: las declaraciones de un conocido testigo profesional con las que se responsabilizaba directamente al Gobierno, al Presidente y al Ministro del Interior de esa época de ser los gestores de dicha aventura. Afirmaciones que el Gobierno del vecino país tomó por ciertas. Tampoco las desmentimos oficialmente en la forma debida. Hoy, el testigo, ex funcionario del DAS, cuenta con pasaporte y cédula venezolanos. Lo que dentro de la lógica chavista sería un verdadero espía infiltrado.

Como el guión ha seguido desarrollándose, después de la última rabieta con motivo de la ampliación del acuerdo militar con E.U., se nos volvió a acusar en los peores términos. Así, 'espías' del DAS llegaron a ese país, uno invitado a título personal por alguien en la misma forma engañosa en que los llamados 'paracachitos' fueron llevados a las goteras de Caracas, y otros dos que no tienen vínculo alguno con la entidad de inteligencia del país.

A renglón seguido, los asesinatos de jóvenes colombianos en circunstancias que sólo son interpretadas por la autoridades venezolanas. La justificación es obvia: paramilitares y la violencia importada de Colombia. El último episodio, la muerte de efectivos de la Guardia Nacional por pistoleros desconocidos. Todo ello, para conformar una amenaza real que sirva para unos objetivos muy concretos.

De nuestro lado, la participación flagrante de embajadores y funcionarios diplomáticos en política, los vínculos probados con la guerrilla, los computadores de ésta, la presencia de verdaderos espías, de los cuales se tiene un amplio seguimiento, el aparato diplomático y consular dentro del cual sería muy conveniente averiguar cuántos han sido cubanos con identificación venezolana, además de infinidad de incidentes probados, han quedado en los anaqueles como producto de la política de bajo perfil y distensión aplicada durante largo tiempo.

Lo que se está gestando a nuestras expensas y en nuestras narices, y que explotará más temprano que tarde, tiene que ver con la situación interna de Venezuela. Violencia desbordada -de la cual ya se acusa a Colombia-, donde Caracas está en segundo lugar después de Ciudad Juárez. Servicios de salud colapsados.

Aumento del desempleo formal y crecimiento de la inflación en forma récord a nivel mundial. Y ahora, sumándose a la caída de los ingresos petroleros, aparece la macrodevaluación del bolívar, que de un año a otro ha pasado de representar el 6 por ciento de las importaciones con el dólar paralelo al 49 por ciento, y el año entrante podría llegar al 70%. Finalmente, el abandono de la inversión pública en mantenimiento de redes y transformación de energía y de acueductos, de la construcción de nuevas generadoras y la sequía que es la peor desde 1947 han llevado a un racionamiento sin precedentes de energía y agua.

Para distraer la opinión -cada vez más alterada- y motivar ánimos nacionalistas, ahí está el expediente de la agresión colombiana que ya les está sirviendo para obstaculizar el proceso de acuerdo con Ecuador, pero del cual somos en alguna medida responsables por todos los antecedentes con que hemos pretendido equivocadamente manejar a Chávez. En parte estamos recogiendo lo sembrado.

albertosch@cable.net.co

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
4 de noviembre de 2009
Autor
ALBERTO SCHLESINGER V. Profesor Universidad Sergio Arboleda

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