Hace un año, cuando se reunieron en Washington los presidentes de las naciones que componen el Grupo de los Veinte, una de las preocupaciones de los analistas es que el proteccionismo fuera una de las medidas preferidas para manejar la crisis internacional que amenazaba con poner en jaque al capitalismo. Por ese motivo, fueron numerosas las expresiones de alivio cuando en el comunicado de los mandatarios, estos renovaron su compromiso con el libre comercio.
Sin embargo, con el correr de los meses, quedó en claro que muchos de los firmantes de la declaración estaban tomando medidas para evitar la llegada de productos importados y privilegiar a los productores de su respectivo país. Aunque esa parecería una decisión lógica, los estudiosos de la Gran Depresión han afirmado que el aumento de barreras comerciales hizo que el terremoto económico de hace ocho décadas fuera mucho más fuerte.
Afortunadamente, en el caso actual no ha ocurrido exactamente lo mismo. Es cierto que muchas naciones han tomado determinaciones proteccionistas, pero en términos generales el modelo de libre intercambio de bienes en el planeta, continúa. Así lo ratifica un estudio de la Unión Europea, según el cual los exportadores del Viejo Continente se han enfrentado a no menos de 223 casos de restricciones comerciales.
Dentro de los responsables de ese hecho, sobresalen los casos de Rusia y Argentina, en donde se han presentado trabas fronterizas para la entrada de productos o aumentos en aranceles, dentro de los rangos máximos que permite la Organización Mundial del Comercio. Pero al tiempo que los obstáculos son un hecho, también lo es que el peor escenario no se presentó y que el peor culpable de que el comercio mundial se haya contraído fue la recesión y no las decisiones tomadas por diversos países.
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