Además de poner en riesgo la propia vida de la persona, la desnutrición puede acelerar la progresión de determinadas enfermedades y un aumento de sus complicaciones, hace que las heridas cicatricen mal, puede generar una mayor predisposición a infecciones, la reducción de la fuerza.
Los alimentos más baratos y fáciles de preparar consisten en hidratos de carbono, con lo que los estados de desnutrición suelen ser producto de la deficiencia de proteínas.
Un indicador clínico de desnutrición seria es la baja excesiva de albúmina en la sangre. La albúmina, explica Fainstein, es una proteína, y un nivel demasiado bajo indicaría que el organismo, al no recibir proteínas con la alimentación, está consumiendo las suyas propias. "Esta es una variable independiente que incide directamente en la mortalidad", advierte.
María Dolores Orfanó, geriatra y nutricionista, explica que hay una condición que debe ser tenida en cuenta, y es el síndrome de fragilidad de la personas mayores. "Está definido por el estrés metabólico, la polimedicación tan típica en los adultos mayores, y el hecho de comer solo".
De acuerdo con estudios hechos en el 2003 en Europa, en los adultos mayores con autonomía y sin estas condiciones de fragilidad, la desnutrición alcanzaba el 3 por ciento, mientras que cuando la persona come sola, toma más de 3 medicamentos y padece una situación de estrés metabólico por motivos clínicos o psicológicos, la prevalencia de desnutrición trepa al 10 por ciento.
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