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Lunes 13 de Febrero de 2012

En las empresas se puede trabajar con el peor enemigo

María Smith* era una empleada de una empresa productora de plásticos en Colombia. Durante 36 meses consecutivos aprovechó su cargo de coordinadora de nómina para defraudar a la compañía en 1.770 millones de pesos.

Tras ser descubierta, los investigadores detectaron que María era una persona con problemas de autoestima.

Además, el hurto lo hacía porque quería solucionar problemas financieros de sus familiares y mantener económicamente a su pareja sentimental.

En la empresa ella ejercía cierto nivel de poder porque en sus manos se concentraban varias funciones de pagos de nómina y autorización de otras cuentas del personal.

Otro caso fue el de Pedro Lehman*, que era analista de tesorería en una empresa manufacturera. Durante tres años defraudó a la compañía en 2.845 millones de pesos.

También era una persona emocionalmente inestable y siempre tuvo el deseo inmenso de superar su nivel de vida sin importar los medios.

Estos son ejemplos de fraude que han sido detectados en empresas colombianas en los últimos meses y que han servido a los investigadores para tratar de identificar perfiles de personas que pueden caer en la tentación de robar a sus compañías.

La defraudación es un fenómeno que va en alza en el mundo y la situación en Colombia es alarmante. Muchas empresas tienen presupuestadas las pérdidas que sufren por los fraudes. Se estima que en Estados Unidos las organizaciones pierden el 7 por ciento de sus utilidades al año por esa situación.

En Colombia no hay cifras al respecto, entre otras cosas, porque muchas empresas no denuncian por temor a afectarse en su imagen.

Algunas pistas

No existe una fórmula mágica para determinar con certeza que ciertos comportamientos de un directivo o un empleado de una compañía es sospechoso de fraude. Sin embargo, estudios de Kroll, una empresa internacional de consultoría de riesgos, establecen algunas señales que pueden crear una aproximación de ese tipo de personas.

Ernesto Carrasco, presidente de Kroll Colombia, dice que, de todas maneras, no se puede estigmatizar a las personas por tener determinadas características o comportarse de una u otra manera.

Los defraudadores detectados son empleados de confianza de las empresas. Además, acostumbran a concentrar varias funciones y, curiosamente, también tienen un alto sentido de la responsabilidad.

Trabajan en horarios no habituales. Llegan muy temprano o salen tarde de su oficina. Manejan un bajo perfil y son personas retraídas que se ganan la confianza de todos.

De cualquier manera, un fraude lo puede cometer desde el máximo ejecutivo o un empleado que no cumple con las anteriores características.

Eso sí, el denominador común es que todos ellos tienen una ambición desmedida por el dinero fácil y en ello pueden estar desde un encopetado presidente hasta el más humilde de los trabajadores.

(*) Nombre cambiado

Otras características de los infieles

- El 85 por ciento de los fraudes es cometido por hombres, pero la participación de las mujeres va en aumento.
- La edad promedio de quienes incurren en el delito está entre 35 y 45 años. La antigüedad laboral está entre 4 a 5 años.
- Los fraudes los cometen especialmente personas de cargos medio o altos.
- Las pequeñas y medianas empresas corren mayores riesgos porque no hay controles suficientes para detectarlos.
- El tiempo promedio de duración de un fraude antes de ser detectado es de 24 meses.

Publicación
portafolio.co
Sección
Economía
Fecha de publicación
6 de noviembre de 2009
Autor
FERNANDO GONZÁLEZ P. / REDACCIÓN DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS

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