La presentación que hizo el lunes pasado el gerente del Banco de la República, con motivo de la divulgación del informe trimestral sobre inflación con corte a septiembre, resultó reveladora. Y es que además de referirse con detalle a la evolución de los precios en Colombia, el trabajo trata otros aspectos que son fundamentales, a la luz de la incertidumbre creada por la crisis internacional o por el deterioro reciente de las relaciones con Venezuela. Ese análisis es muy útil, pues dada la demora en la promulgación de las cifras oficiales sobre la marcha del sector productivo, académicos, empresarios y el público en general necesitan herramientas para entender lo que puede pasar en el futuro cercano.
En ese sentido el diagnóstico del Banco aporta elementos de tranquilidad, junto a otros de preocupación. Dentro de los primeros, el más destacable es el descenso del ritmo inflacionario a niveles cercanos al 3 por ciento, cifra que coincide con el objetivo de largo plazo para la economía colombiana. Tanto el menor aumento de los precios de bienes y servicios regulados, como el declive en la variación de los alimentos, han sido definitivos para poner a la carestía en cintura, por lo menos por ahora. Incluso a la luz del fenómeno de 'El Niño' que puede traerle problemas a algunas cosechas, el cálculo es que no solo en el final del 2009, sino a lo largo del próximo año, habrá tranquilidad en este frente.
También hay un parte de calma en lo que tiene que ver con la salud del sector financiero, a pesar del cambio de tendencia en el otorgamiento de créditos, pues categorías como la de consumo ya muestran síntomas de estancamiento. No obstante, el repunte reciente de los préstamos hipotecarios alimenta las esperanzas de una mayor dinámica en la actividad constructora y en la demanda del público gracias, en buena parte, a las ayudas entregadas por el Gobierno, consistentes en subsidiar las tasas de interés para viviendas de menos de 167 millones de pesos.
En contraste, la marcha de la economía no es la mejor. Aparte de que los resultados de la primera mitad del año fueron negativos, al mostrar una contracción del 0,5 por ciento en el Producto Interno Bruto, los síntomas de una recuperación son todavía muy débiles. Es cierto, por ejemplo, que tanto la industria como el comercio experimentaron una caída más suave en julio y agosto, pero todo indica que el regreso a los números positivos todavía se demora. A lo anterior se le agrega el impacto del cierre paulatino de las exportaciones a Venezuela, que golpea tanto a las grandes fábricas, como a las pequeñas y medianas empresas.
Esa dinámica mediocre está teniendo efectos serios sobre el mercado laboral. Aunque según el Dane la población ocupada ha aumentado, una mirada más cuidadosa a los datos revela que el empleo generado es de baja calidad, más concentrado en ciudades pequeñas y áreas rurales, que en las tres grandes áreas metropolitanas. Pero si ese panorama es malo, la expectativa es que en los próximos meses puede haber una desaceleración del empleo total y en particular del urbano, con lo cual la tasa de desocupación tendería al alza en el 2010.
Ante tales circunstancias, la expectativa del Banco de la República es que el crecimiento de la economía en el tercer trimestre del año sea negativo, con una cifra cercana al -0,5 por ciento. Así las cosas, el cambio de signo solo tendría lugar entre octubre y julio debido, entre otras razones, a que hace 12 meses el frenazo fue significativo, ante los temores de recesión global de ese entonces que vinieron acompañados de una descolgada en los precios de los productos básicos. En esta oportunidad, sin ser maravillosas, las circunstancias son un poco mejores, con lo cual al terminar el 2009 el PIB podría llegar a ser positivo, si bien estará cerca del cero por ciento.
Para el año que viene habría un repunte, pues para el Emisor la economía tendría un alza de entre 2 y 4 por ciento. Esa tasa, sin embargo, no garantiza que haya reducciones apreciables en el desempleo y está condicionada, tanto a lo que suceda con Venezuela, como a la capacidad de los exportadores colombianos para buscar otros mercados. Dicho de otra manera, el escenario es mejor pero dista de ser el más atractivo.
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