Dos sorpresas de diversa magnitud ha tenido en los últimos días el comercio exterior colombiano. De un lado, el Dane informó la semana pasada que el descenso de las exportaciones en septiembre fue el menor en todo lo corrido del año. Del otro, la misma entidad reportó ayer que las importaciones tuvieron una reducción de 27,6 por ciento en el mes anotado, con lo cual el saldo en la balanza comercial fue positivo en 179 millones de dólares y en lo corrido del año ya asciende a 1.054 millones.
Ese no es un mal desempeño, si se tiene en cuenta que el país resultó afectado por el acelerado descenso en las cotizaciones de los productos básicos. Debido a ello, a comienzos del 2009 los especialistas pronosticaban un déficit creciente en el intercambio de Colombia con el resto del mundo.
No obstante, los peores pronósticos no se cumplieron, entre otras razones, porque los precios del petróleo y otros bienes empezaron a subir después del primer trimestre. Además, las compras del país tuvieron un traspié significativo, ante las menores ventas de automóviles y la contracción de la demanda interna.
Ese, precisamente, es el único elemento preocupante de lo ocurrido con las importaciones. A pesar de las expectativas de reactivación en la industria, la contracción en las adquisiciones externas sugiere que el sector productivo sigue resentido. Lo ocurrido también explica la relativa fortaleza del dólar, pues con superávit comercial y una reducción pequeña en la inversión extranjera, no existe una razón de fondo para que suba la tasa de cambio.
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