Desde hace unos meses se sabe que las perspectivas de la economía mundial son menos oscuras de lo que se creía al comenzar el 2009. Según las entidades internacionales, los paquetes de estímulo impulsados por las naciones más ricas tienen mucho que ver en lo sucedido. Gracias a ello, la suerte de Estados Unidos, Japón o buena parte del Viejo Continente es un poco mejor, a pesar de que el alza en las tasas de desempleo es ahora el gran dolor de cabeza de gobernantes y ministros de economía.
Sin embargo, ese cambio de tendencia palidece ante lo sucedido en China. Nuevos datos aparecidos ayer revelaron que la nación más populosa del mundo dejó atrás la crisis, después de un pequeño bache en el primer semestre del año.
A comienzos de noviembre, por ejemplo, el Banco Mundial aseguró que la economía china crecería 8,4 por ciento en el 2009, lo cual contrasta con una cifra global que tendrá color rojo. Pero ese estimativo podría quedarse corto, ante lo ocurrido en octubre cuando producción industrial y ventas al detal tuvieron saltos del 16,1 y del 16,2 por ciento, respectivamente.
Semejante dinámica tuvo lugar a pesar de que las exportaciones, que en años pasados fueron el motor del crecimiento chino, experimentaron un retroceso de 13,8 por ciento. Eso no impidió que el superávit comercial, que ha sido la constante en más de una década, ascendiera a 24.000 millones de dólares en el mes, ante lo cual volvieron a surgir las voces que le piden al gobierno en Pekín la revaluación de la moneda.
Pero sin entrar en ese debate, es claro que el mercado interno, alentado por un programa ambicioso de préstamos y por rebajas en las tasas de interés, ha remplazado al sector externo como el motor de la economía. Así, hay quienes esperan que el crecimiento anualizado de China en el último trimestre llegue a la nada despreciable cifra del 10 por ciento.
Mensajes al Director:
ricavi@portafolio.com.co
Publicidad