Haga más ejercicio y evite la comida chatarra. Consejos obvios como estos han demostrado no ser suficiente para combatir las tentaciones de la vida moderna, que han catapultado las tasas de obesidad en todo el mundo. Ahora, los gobiernos de varios países están impulsando una nueva estrategia agresiva: reclutar a comunidades enteras para aislarlas de estas tentaciones y facilitar el llevar una vida más saludable. En lugar de esperar a que la gente consiga por sí misma la disciplina necesaria para evitar los alimentos procesados, las comidas rápidsa y días sin ninguna clase de ejercicio físico, la idea es que el gobierno debe intervenir para cambiar ciertos entornos y reducir el menú de opciones perjudiciales disponibles en la vida cotidiana.
Como resultado, cientos de pueblos en Europa y otros lugares han adoptado algún formato de esta estrategia, cuyo objetivo es prevenir que los niños se vuelvan obesos. Entre otras medidas, han contratado a nutricionistas para asesorar a las familias, han organizado días en que todos deben ir caminando a la escuela y han construido nuevas instalaciones deportivas. Mientras tanto, el gobierno de Estados Unidos ha aumentado su presupuesto para que ciudades y pueblos implementen este tipo de prevención de la obesidad basada en la comunidad, en un esfuerzo por compilar datos sobre qué tipo de tácticas funcionan mejor. "La gente finalmente está admitiendo que el problema de la obesidad está tan extendido que no se debe sólo a que la gente está haciendo malas elecciones", dice Laura Kettel Kahn, experta en obesidad de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) que concede fondos a estados para programas antiobesidad comunitarios.
El giro hacia esta nueva estrategia llega a medida que los gobiernos empiezan a lidiar con los enormes costos fiscales de la obesidad, que según cálculos irán en aumento a medida que personas más jóvenes desarrollen enfermedades como la diabetes de tipo 2 y, al hacerse más mayores, algunos tipos de cáncer ligados a la obesidad. Un estudio publicado en julio por los CDC estimó que la obesidad podría costarle a EE.UU. hasta US$147.000 millones anuales en cuidados de salud adicionales.
El programa europeo despegó en Francia a partir de la experiencia de dos pueblos en el norte del país, Fleurbaix y Laventie, que instituyeron programas comunitarios de prevención de la obesidad en niños, entre 1992 y 2004. El resultado fue que el porcentaje de niños obesos en los pueblos cayó de 11,2% en 1992 a 8,8% en 2004, según un estudio publicado este año. Las tasas de obesidad y sobrepeso en niños de dos pueblos aledaños que no adoptaron la estrategia aumentó de 12,6% a 17,8%. Desde entonces, el programa francés ha sido implementado en más de 220 pueblos en el país y en decenas de otras localidades de España, Bélgica y Grecia. Algunos en Australia también lo han adoptado y varios en México lo están considerando. Uno de los ejemplos franceses es St.
Amand-les-Eaux, cerca de la frontera con Bélgica. La cocina aquí siempre ha sido rica, con mucha mantequilla y queso, y con frecuencia acompañada de papas fritas. Pero el alza en el consumo de bebidas carbonatadas y alimentos procesados, junto con la reducción del ejercicio físico, han impulsado las tasas de obesidad y sobrepeso infantil a más de 25%. Durante los últimos dos años, los nutricionistas han trabajado en las escuelas locales.
Los niños son alentados a participar en actividades deportivas y chefs acuden a las escuelas primarias para ayudarlos a preparar snacks saludables y para que prueben platos vegetales, con el objetivo de que se acostumbren a su sabor. La comida chatarra y las bebidas carbonatadas están vetadas de las escuelas.
"Ha habido un sinnúmero de tratamientos y dietas para la obesidad y lo triste es que la gente en general vuelve a su peso original", dijo Martijn Katan, profesor de nutrición en la Universidad Vrije de Amsterdam, que ha estudiado el nuevo modelo de prevención francés, conocido por su acrónimo, Epode. Pese a que aún es pronto para afirmar si Epode y otras estrategias comunitarias son efectivas a largo plazo, el concepto sigue siendo probablemente la política más prometedora, dicen los expertos.
"Lo que funciona son los cambios duraderos y de largo plazo en los hábitos", dice Monique Romon, profesora de medicina de la Universidad de Lille 2 y la investigadora principal del estudio en Fleurbaix y Laventie.
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