La publicación de los datos sobre el desempeño de la industria y el comercio en septiembre, anunciada para mañana, es atendida con expectativa por los analistas. El motivo no es otro que las señales mezcladas que en las últimas semanas viene dando la economía colombiana, después de un primer semestre en el cual el Producto Interno Bruto tuvo una contracción de 0,5 por ciento.
Dicho retroceso vino acompañado de un alza en el desempleo, cuya elevación se ha concentrado en las ciudades más grandes, en donde se genera la mayor proporción de puestos formales.
Esa situación ha creado interrogantes sobre la evolución de la demanda interna, que también ha tenido cifras negativas y necesita repuntar con el fin de impulsar una mayor actividad productiva, pues la ayuda no va a llegar de afuera.
Si bien las cifras del comercio exterior muestran recientemente un menor declive que el esperado, quienes saben de estas cosas aseguran que el cierre de exportaciones a Venezuela ha afectado a centenares de empresas de todos los tamaños, que se dedicaban a atender el mercado vecino, y a las que les resulta difícil encontrar pedidos para sus bienes en otros destinos, por lo menos en un plazo corto.
De tal manera, y antes de que el Dane se pronuncie, vale la pena hacer una revisión de los indicios disponibles. Ese panorama es muy parcial debido al atraso en la publicación de las cifras de diferentes sectores, aunque tanto en la actividad real como en el ramo financiero existen algunos indicadores.
Para comenzar, la demanda de energía tuvo un desempeño alentador en septiembre, con una tasa de incremento del 3 por ciento que sugeriría un mayor ritmo manufacturero. Sin embargo, en octubre ese número descendió a 1,2 por ciento, lo cual hace pensar que el intento de recuperación fue efímero.
Al mismo tiempo, la cartera del sistema financiero sigue con muestras de estancamiento, pues la tasa de aumento hasta finales del mes pasado va apenas en 2 por ciento. No obstante, hay que destacar lo sucedido con el crédito hipotecario que después de haber decrecido va en 8,3 por ciento, lo cual sugiere que el apetito por finca raíz se ha despertado.
Por otro lado, las expectativas de industriales y consumidores tuvieron tendencias diferentes, según la encuesta que realiza Fedesarrollo. Así, los primeros registraron un mejor nivel de pedidos y mayor baja en los inventarios que lo esperado en el noveno mes del año, al tiempo que sus perspectivas de producción disminuyeron en forma sensible.
A su vez, los segundos mantuvieron una clara tendencia a la mejoría que se ha venido consolidando y contrasta con el panorama pesimista que tenían en marzo pasado. Hay que destacar que la visión de la situación económica en este grupo es la mejor desde la registrada a mediados del 2007.
En cuanto a los consumidores, las noticias no son las más deseables. De acuerdo con Fedesarrollo, la confianza de estos se contrajo en octubre por segundo mes consecutivo, aclarando que los resultados son superiores a los de la primera mitad del 2009. Ese paso atrás puede ser resultado de varios elementos, incluyendo la incertidumbre política en Colombia y el empeoramiento de las relaciones entre Bogotá y Caracas, pero influirá en las decisiones del público a la hora de gastar más, cuando se aproxima la época navideña.
Tales elementos sugieren que, así como ocurre en otras latitudes, las fuerzas que pueden sostener una tasa de crecimiento decididamente más alta que la actual, todavía son muy débiles. Aunque es necesario reconocer que en comparación con las luces de alerta de la primera mitad del año, ahora se observan diferentes matices y que en general los balances empresariales muestran que el sector privado ha aguantado relativamente bien el chaparrón, es indudable que la economía oscila entre el rojo y el negro.
Por tal razón, es fundamental que a pesar de las limitaciones fiscales que impidieron que hubiera un verdadero plan anticíclico, se le preste atención a la calidad del gasto público y se le den a la población las señales correctas que permitan una recuperación de la confianza.
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