Perder es ganar un poco". Esa frase, que en su momento inmortalizó el hoy ex técnico de la Selección Colombia de Fútbol, Francisco Maturana, bien podría ser utilizada ahora por los ejecutivos de la multinacional General Motors, que ayer reportó un resultado negativo de 1.150 millones de dólares en el tercer trimestre del 2009.
La cifra es particularmente significativa, pues es la primera que se publica desde cuando el gigante de la industria automotriz salió de la bancarrota en julio pasado, después de recibir una importante inyección de dinero del Tesoro estadounidense. De hecho, el presidente del conglomerado, Fritz Henderson, sostuvo que el desempeño de la compañía mostraba "algunas señales de progreso y de estabilidad".
Quizás lo más destacado es que después de acumular pérdidas por 88.000 millones de dólares entre el 2005 y mediados del año actual, el saldo en rojo es inferior al ritmo previo. No menos importante es que el saldo en caja aumentó en 3.300 millones de dólares, con lo cual habría capital disponible para empezar a pagarle al gobierno norteamericano parte de los préstamos recibidos. El propósito es que un primer giro por 1.000 millones de dólares tendría lugar en diciembre, cinco años antes de que se venzan las acreencias.
Esa perspectiva es destacable, pero esconde algunos hechos fundamentales. El más importante es que dentro del proceso de la ley de quiebras, se crearon dos sociedades. Una, la actual, que debe ser capaz de sobrevivir en un negocio competido y otra que se quedó con buena parte de los problemas de la antigua GM y en cuyo balance hay activos por 1.500 millones de dólares y pasivos por 33.000 millones. Por tal motivo, todavía falta mucho, antes de que la apuesta para salvar la empresa, se pueda considerar como un éxito.
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