En Bretton Woods y al finalizar la Segunda Guerra Mundial se reconoce la supremacía de Estados Unidos en el mundo. Se crea, entre otras instituciones, el Fondo Monetario Internacional donde se establece un tipo de cambio fijo de las monedas nacionales con respecto al dólar y de éste con el oro. Todo dependía de la confianza del mundo en el Banco Central norteamericano y de la libre convertibilidad de las reservas de dólares u otras monedas en oro.
El modelo se mantuvo hasta la década de los setenta. Estados Unidos emitió dólares sin respaldo. Europa podía reaccionar poco, puesto que dependía para su reconstrucción del Plan Mar-shall y las inversiones de las multinacionales norteamericanas. Las materias primas aumentaron en sus precios. Los excesos de divisas de los países petroleros (petrodólares) se convirtieron en eurodólares. Aumentó la oferta de capital prestable de los bancos transnacionales y los países no exportadores de materias primas se endeudaron hasta el límite de no poder pagar sus compromisos.
En 1972 Nixon decreta la no convertibilidad del dólar en oro, avanza la crisis de la deuda externa; Alemania, y con ella toda Europa, deja flotar su moneda y lo mismo sucede en Japón: se devalúa el dólar y se revalúan el marco y el yen.
Se gesta el 'Consenso de Washington' en una alianza entre las instituciones multilaterales y la banca privada transnacional. La condicionalidad, explícita en el artículo VIII del Tratado del FMI, se impone y manifiesta en los programas de ajuste estructural, la privatización y la desregulación en las economías en desarrollo día a día se concentra y centraliza. Aumenta la pobreza y la indigencia en el planeta.
Lo que siguió: se reformó el FMI pasando del dólar a los derechos especiales de giro, que no son otra cosa que una canasta de monedas para establecer el tipo de cambio universal, como el que se propone ahora en el G-20. Sin embargo, un pequeño grupo de países conserva la mayoría accionaria, E.U. continúa con poder de veto y se mantiene el control institucional por parte de los más poderosos.
La convergencia macroeconómica europea permitió la creación de un Banco Central con poder de emisión monetaria y se creó una moneda única (euro). Estados Unidos continúa acumulando déficit (de cuenta corriente y fiscal) y se financia con el superávit de la cuenta de capitales, que proviene de los países líderes exportadores (China y Corea) y los en desarrollo, que colocan sus reservas en dicho país.
La crisis actual se produce nuevamente por la especulación financiera. Nada ha cambiado: ni el control de las instituciones multilaterales, aunque aumentan su participación China, India y Brasil; los países en desarrollo tienen ahora más reservas en dólares, menos plata en la realidad ante la revaluación, menos exportaciones en cantidades, mayores importaciones y menor desarrollo.
El remedio parece peor que la enfermedad: más déficit de cuenta corriente y fiscal en los países desarrollados. Simplemente se aplaza una nueva crisis, mientras no se produzca una reforma del sistema económico multilateral, se democraticen sus instituciones, se recupere la confianza en los tipos de cambio y en la convertibilidad. Se necesita llegar a una moneda única (el Cosmos: la belleza de todo) y acabar con la pirámide del dólar.
dgumanam@unal.edu.co
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