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Domingo 27 de Mayo de 2012

Venezuela: anticolombianismo viejo y nuevo

Ojalá las masacres de colombianos en Venezuela no comprometan estructuras paramilitares de derecha (autodefensas de acá o allá) o izquierda: milicias urbanas populares y afines, sumadas a 1.5 millón de reservistas armados, encargados de 'acompañar' el proyecto oficial, fiscalizar a las FF. AA. y 'enmarcar' a los civiles. Las víctimas pudieron quedar atrapadas en esa tenaza. Chávez afirma su 'amor entrañable por Colombia' y reconoce que, en su gran mayoría, los colombianos de Venezuela están allí legalmente. Al tiempo, sus reiteradas agresiones públicas, económicas y políticas contra Colombia legitiman un anticolombianismo primario que se creía cosa del pasado.

Lo conocí en Venezuela a inicios de los sesenta. Eran frecuentes titulares de prensa como 'sospéchase colombiano', para delitos anónimos. Algo como el 'sospéchase negro' del sur de E.U. en idéntica época. Veinte años más tarde, en Caracas, un lustrabotas, miembro del Partido Comunista Venezolano, me comentó que a mis compatriotas "los torturaban y mataban" en su país. Son legión y muy antiguas las acusaciones de violación grave de los DD. HH. dirigidas por nuestros pobladores fronterizos contra la Guardia Nacional de Venezuela. Cualquier intento de delimitación fronteriza con Colombia traía una oleada anticolombianista virulenta, atizada por la gran prensa, hoy procolombiana y antichavista. Esta tradición de violencia y odio hacia Colombia y su utilización política para fines internos anteceden a Chávez. ¿Qué ha cambiado con él?

Venezuela enfrentó una 'violencia importada' desde Colombia de fines de los ochenta a fines de los noventa, cuando la guerrilla secuestraba ganaderos venezolanos o robaba armas militares y las FF. AA. la combatían. El acercamiento de algunos de sus integrantes a la guerrilla, como el entonces capitán de Navío Ramón Rodríguez Chacín, data de aquella época. Culminó con una alianza perversa de intereses del tipo laissez faire, laissez passer. La ideología bolivariana le abrió luego un espacio político, militar, comercial y logístico que hoy oxigena el conflicto interno y narcotráfico de Colombia. Venezuela bien puede terminar en el banquillo de la opinión mundial (y de blanco de E.U.) con base en las pruebas que arroje la nueva cooperación de inteligencia antidroga entre Colombia y E.U. De allí su rechazo paranoico a los acuerdos militares.

Ningún compromiso ético-jurídico ni consideración de interés propio bien entendido detiene a Chávez. Marchitar el comercio bilateral con Colombia por motivos políticos viola flagrantemente las obligaciones ante la OMC y el Art. 135 del Acuerdo de Cartagena y afectará duramente el consumo industrial y hogareño en Venezuela, cuyo proveedor natural es Colombia. También ha traído un alto costo económico y social para Venezuela atropellar masivamente los derechos civiles, económicos y políticos de la oposición: agredir sus campañas, inhabilitar a sus candidatos, manipular el voto electrónico, negarle crédito, divisas, licencias, contratos y... pasaportes, sofocar a sus empresas y medios de comunicación y usurpar las funciones tanto del popularmente elegido Alcalde (opositor) de Caracas como de los padres de hijos menores. La caída libre de la economía privada no petrolera venezolana es el costo aceptado de acabar con la empresa 'no bolivariana'.

En este contexto de negación violenta del otro, politizar masacres de colombianos es otro abismo ético en la amoralidad del régimen chavista. tomasuribemosquera@gmail.com

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
18 de noviembre de 2009
Autor
TOMÁS URIBE MOSQUERA Consultor internacional

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