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Martes 14 de Febrero de 2012

Editorial / Las cuentas de la crisis

Desde cuando quedó en claro que en el 2009 el mundo se encaminaba a su primera contracción económica en más de seis décadas, diferentes observadores hicieron sonar las alarmas ante los posibles efectos de la crisis sobre la población de menores recursos.

El motivo es que a pesar de los avances de los últimos años, una proporción importante de los habitantes del planeta no cuentan con los recursos para atender sus necesidades básicas e, incluso, lograr los niveles mínimos de alimentación diaria que necesita un ser humano.

Dicha preocupación se sintió con especial fuerza en este hemisferio. Y es que en tormentas anteriores fueron los más necesitados quienes acabaron pagando los platos rotos, como consecuencia de las decisiones erróneas de gobiernos que tuvieron mucho que ver con la década perdida en los años ochenta o con el retroceso de comienzos del nuevo siglo. En esta oportunidad, además, el desafío era no sacrificar los avances recientes. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), entre 2002 y 2008 el número de pobres en la región pasó de 221 a 180 millones, mientras que dentro de ese grupo la cantidad de indigentes descendió de 97 a 71 millones. Gracias a ello, y tomando un lente más amplio, la pobreza que en 1992 cubría a cerca de uno de cada dos latinoamericanos, llegó a afectar a uno de cada tres el año pasado.

Esa mejora, insuficiente para algunos pero al mismo tiempo importante, tuvo lugar en todas y cada una de las naciones del área. Las razones globales fueron una mejora en las tasas de crecimiento de las diversas economías, combinadas con avances en la distribución del ingreso, expansión del gasto social y disminución de las presiones demográficas, ante una baja en la fecundidad. Tales avances no fueron constantes ni uniformes, pero en general la buena salud de la economía mundial permitió que los gobiernos latinoamericanos bien vieran bajas en las tasas de desempleo que vinieron combinadas con programas tendientes a conseguir avances en la infraestructura y en la provisión de servicios como salud y educación.

Ahora, sin embargo, las cosas son a otro precio. El descenso en los precios de los productos básicos que exporta la región, la mala racha del comercio internacional y los menores ingresos por concepto de remesas y turismo son elementos que ensombrecen el panorama, aparte de la mediocre marcha de la economía. Si bien las noticias recientes son más alentadoras que hace unos meses, la Cepal calcula que el Producto Interno Bruto latinoamericano caerá entre 1,5 y 1,8 por ciento en el 2009. Debido a esa circunstancia, el desempleo aumentará, más no los ingresos de los hogares.

Ante tal realidad, todo indica que la pobreza tendrá un incremento. Para la Cepal, dicha alza será de 1,1 puntos porcentuales -hasta el 34,1 por ciento- que equivalen a 9 millones de personas. Esa es una pésima noticia, pero los especialistas se apresuran a insistir en que el golpe habría podido ser mayor si el huracán productivo no hubiera encontrado a América Latina en una posición de relativa fortaleza. En particular, hay que celebrar que en esta ocasión las cifras fiscales eran sólidas, que la inflación se encontraba bajo control y que los sistemas financieros salieron indemnes de la debacle de latitudes más ricas.

Tales factores permitieron que, de hecho, se pusieran en marcha planes orientados a mitigar el impacto de la situación y a preservar -y en algunos casos aumentar- los niveles de gasto público. Ahora, por supuesto, se trata de evitar que el deterioro sea mayor.

Aunque todo indica que en el 2010 el crecimiento latinoamericano volverá a ser positivo, el ritmo estará lejano del experimentado a mediados de la década. Frente a ese desafío, la Cepal defiende el mecanismo de transferencias condicionadas, cuyo esquema opera en Colombia a través del programa Familias en Acción, como un elemento fundamental.

Además, la entidad propone trabajar en esquemas de pensiones mínimas en favor de los ancianos y de aumento de la cobertura escolar, en beneficio de los más jóvenes. Todo ello, hecho de manera responsable permitiría que el bache actual fuera superado y que, ojalá, la región renovara esfuerzos en el que debe ser un propósito indeclinable: el de derrotar a la pobreza.

Publicación
portafolio.co
Sección
Otros
Fecha de publicación
19 de noviembre de 2009
Autor

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