En el mundo circulan aproximadamente 750 millones de carros particulares, y se espera que para el año 2030, la cifra pueda aumentar en un 60 por ciento. Esta demanda creciente causa preocupación, pues en dos décadas las emisiones de gases efecto invernadero provenientes del parque automotor global, alcanzarán cerca de cinco gigatones de CO² por año. Según el panel Intergubernamental para el Cambio Climático, una de las medidas que podría contribuir a reducir el número de emisiones provenientes de este sector consiste en expandir el consumo de vehículos híbridos y eléctricos. Cumplir esta meta requiere la voluntad del consumidor, ya que conforme a encuestas realizadas en Estados Unidos, la última razón para comprar carro está asociada con los beneficios ambientales del automotor, dándole prelación al precio, la marca y el diseño. Lo curioso del asunto radica en que esta no es la primera vez que aparece la figura del carro eléctrico. Desde finales del siglo XIX cuando William Morrison construyó el primer vehículo de este tipo en E.U., hubo euforia. De hecho, para 1.900 de los 5.000 carros que circulaban por las calles norteamericanas, cerca del 30 por ciento correspondían a esta especificación. El boom fue tal, que el mismo Thomas Alva Edison contempló entrar en el negocio de la mano con Henry Ford, hasta que se dió cuenta con la aparición del famoso modelo T, propulsado por gasolina, que los consumidores preferían un vehículo más rápido, fuerte y con capacidad de cubrir mayores distancias. Para 1920, el carro eléctrico había muerto. Desde entonces, varios intentos por resucitarlo tuvieron lugar. Uno de los más recordados fue el modelo EV1, lanzado limitadamente en 1996 por General Motors. Desafortunadamente, con el argumento de no haber sido bien recibido por los consumidores, entre otras razones, por su costo y duración limitada de la batería, fue descontinuado. La controversial decisión dio para un excelente documental en el 2006, con el nombre de ¿Quién mató al carro eléctrico? , en el que se evidencian los intereses ocultos detrás de la eliminación de esta alternativa de movilidad. Hoy en día, gracias a los precios del petróleo y los desafíos ambientales del siglo XXI, el carro eléctrico puede resucitar. Modelos como el General Motors Volt, que será puesto en el mercado para noviembre del 2010, lo demuestra. Esta vez, aprendiendo del pasado, los ganchos para conquistar compradores serán precios más competitivos, mejores diseños, más duración sin recarga, velocidad y por supuesto eficiencia. Contrario a otras épocas, en esta oportunidad hay voluntad política para complementar la iniciativa privada. Los gobiernos de E.U., Reino Unido, Japón y China, entre otros, han exigido mayores estándares de reducción de emisiones a la industria automotriz, han destinado importantes recursos para la investigación en tecnologías aplicadas a vehículos eléctricos e híbridos y han puesto en marcha incentivos tributarios al consumo de automóviles con menores emisiones. Recientes estudios realizados por McKinsey, muestran que para el año 2030 el mercado mundial de vehículos eléctricos puede superar los 80.000 millones de dólares, con tan solo una penetración del 5 por ciento del mercado automotor. Las acciones van por el camino correcto, pero la resurrección del carro eléctrico dependerá, como en otras épocas, de los precios del petróleo y la conciencia social y ambiental con la que operen los consumidores.
ivanduquemarquez@gmail.com
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