Investigadores de Sandia National Laboratories (PhysOrg.com) tienen como propósito reciclar el dióxido de carbono que sale al medio ambiente de las plantas de generación de energía eléctrica o las cerveceras para usarlo como combustible; no obstante, dicen que el avance no será comercializable hasta dentro de 15 o 20 años.
Esta tecnología es una alternativa a la eliminación de ese gas nocivo para la atmósfera, en lugar de almacenarlo bajo tierra, que es lo que hace la mayoría de termoeléctricas.
Dice el sitio web PhysOrg.com que el inventor fue el científico Rich Diver y que la máquina fue puesta a prueba por primera vez hace unos días.
El aparato, conocido como CR5, es un dispositivo cilíndrico con dos cámaras a los costados y 14 anillos que giran en el centro.
Los bordes externos de los anillos están hechos de óxido de hierro, así que cuando se calienta el interior de una de las cámaras a 1.500 grados centígrados mediante un concentrador solar, el óxido de hierro realiza una reacción termoquímica que desecha las moléculas de oxígeno.
A medida que los anillos rotan, el costado caliente se aproxima a la cámara opuesta y se comienza a enfriar. Cuando el dióxido de carbono se bombea a la otra cámara, el óxido de hierro recupera las moléculas de oxígeno presentes en el dióxido de carbono y es en ese momento cuando se produce el cambio a monóxido de carbono.
Según los científicos, el monóxido de carbono es la materia prima para crear combustibles líquidos.
La máquina fue originalmente concebida para generar hidrógeno sin necesidad de un proceso de electrólisis (separar los componentes del agua) y la idea era sustituir el agua por dióxido de carbono en la segunda cámara.
Así, el objetivo de los científicos no es solo reutilizar este gas nocivo para la atmósfera y superar el trabajo de limpieza del aire que hace la fotosíntesis de las plantas y los árboles, sino mejorar la eficiencia de la máquina para que realice el mismo trabajo sin recurrir a las altas temperaturas para operar.
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