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Martes 14 de Febrero de 2012

Asia... ¡allá vamos!

Por ejemplo, quien haya subido desde el aeropuerto El Dorado hacia el norte de Bogotá por la calle 63 habrá notado que en el trancón de la carrera 24 hay una sorpresa: una academia de lenguas orientales que ofrece cursos de japonés, coreano y mandarín. Aunque la precariedad del local no da para hacerse muchas ilusiones sobre la academia, hay que reconocer que sus promotores saben anticiparse a una buena oportunidad de negocios.

¿Cómo no va a ser buen negocio enseñar lenguas orientales en la alborada de un siglo que será dominado por Asia? Aunque a alguno le parezca que esta reflexión es obvia, lo cierto es que Colombia parece seguir viviendo en el siglo pasado. Nuestras relaciones económicas con Asia son mínimas, y, aunque han venido creciendo en los últimos años, siguen palideciendo al lado de las de otros países de América Latina. Basta con recordar que las exportaciones colombianas a Asia como porcentaje del PIB son menos de la décima parte de las de Chile, y apenas la quinta parte de las de Perú, Argentina o Brasil.

Por eso hay que celebrar la decisión del Gobierno de negociar un Tratado de Libre Comercio con Corea del Sur, un hecho que muestra que el país está decidido a recuperar el terreno perdido. En un par de semanas partirá hacia Seúl el equipo negociador del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo para iniciar un proceso que representa un paso significativo en el acercamiento de Colombia a Asia.

Lo cierto es que hay que felicitar al Gobierno por esta audaz decisión. Aunque muchos dudan de las ventajas que podría tener un acuerdo como este, lo cierto es que sus beneficios potenciales son muy significativos. En primer término, un acuerdo comercial con Corea del Sur tendría efectos directos positivos para la economía.

Estimativos del Modelo de Equilibrio General de Fedesarrollo señalan que un tratado como este conllevaría una ligera expansión de la economía colombiana, mediante un aumento neto de nuestras exportaciones y un incremento de las importaciones provenientes de Corea del Sur, que desplazarían las de otros orígenes sin aumentar sustancialmente el valor total de nuestras compras.

Estos estimativos, sin embargo, no capturan un efecto económico importante: el aumento que puede tener la inversión coreana en el país para aprovechar los beneficios del acuerdo, que se multiplicaría si se llegara a ratificar en el TLC con Estados Unidos, lo que nos convertiría en atractiva plataforma para que empresas asiáticas pudieran acceder al mercado estadounidense.

Pero las ventajas potenciales de un tratado con Corea del Sur van más allá de sus beneficios directos. Un tratado como este significaría un paso muy firme en el propósito del país de diversificar mercados. Aunque este objetivo ha sido un caballito de batalla desde hace años en las discusiones sobre el comercio exterior colombiano, nunca como ahora había sido más apremiante la necesidad de concretarlo.

El deterioro de nuestras exportaciones a Venezuela, los problemas recientes con Ecuador y las lánguidas perspectivas de recuperación de la economía estadounidense han puesto a nuestro sector exportador contra la pared. Ante esta situación, Proexport puso en marcha hace unos meses un plan de choque para la diversificación de mercados, que arroja un balance positivo a la fecha, con ruedas empresariales en Brasil, Guatemala y Estados Unidos, y expectativas de negocios que superan los 200 millones de dólares.

A pesar de este esfuerzo, está claro que la estrategia de diversificación de mercados debe partir de una política estructural, que vaya más allá de un plan de choque, y su eje debe ser la inserción de la economía colombiana en la región de Asia-Pacífico. La razón es simple: Asia es la nueva locomotora de la economía mundial y lo será durante todo este siglo.

La crisis económica internacional ofrece evidencia elocuente sobre la fortaleza de la economía asiática, no solo por su notable dinamismo en medio de la recesión de otros países (China sigue creciendo por encima de 8 por ciento sin inmutarse), sino por su solidez macroeconómica y financiera (en estos días, China se convirtió en el mayor financiador del déficit fiscal de Estados Unidos, desplazando a Japón como el principal tenedor de bonos del Tesoro).

Pero lo que sucede en la coyuntura es apenas un abrebocas de lo que vendrá en el futuro. Según cálculos del premio Nobel de economía Robert Fogel, en el 2040 los países asiáticos representarán dos terceras partes de la economía mundial, lo que constituye un salto inmenso, teniendo en cuenta que hace apenas cinco años eran tan solo un tercio.

Con la realidad que se nos viene encima, la negociación de un TLC con Corea del Sur debe ser apenas una pieza de una estrategia más amplia de inserción de Colombia en los mercados de Asia. El Gobierno se ha puesto la meta de lograr en el futuro próximo el ingreso del país al Apec (Foro de Cooperación Económica de Asia-Pacífico) y para alcanzarla se requiere desarrollar un plan de largo aliento, que abarca la ampliación de la presencia diplomática del país en la región, el fortalecimiento de los lazos comerciales con los países asiáticos y la búsqueda de un aliado estratégico en la zona que nos ayude a promover la causa de Colombia entre los demás países miembros.

El papel de ese aliado estratégico no es menor: Chile contó con el apoyo decidido de Malasia, que promovió y patrocinó su ingreso al Apec a mediados de la década pasada. En el futuro, Corea del Sur podría jugar ese papel en el caso colombiano, si se estrechan los lazos comerciales entre los dos países, teniendo en cuenta que hay fuertes vínculos binacionales, que datan de mediados del siglo pasado, cuando soldados colombianos participaron en la guerra de Corea.

En este contexto, es evidente que no hay que evaluar la negociación de un acuerdo de libre comercio con Corea del Sur como un proyecto aislado para incrementar el comercio con un país distante, sino como una iniciativa mucho más ambiciosa para recuperar el tiempo perdido en las relaciones económicas con Asia. Por eso son tan importantes los esfuerzos que ha hecho el Ministerio de Comercio en otros frentes, como la negociación de Tratados de Protección de la Inversión con China, India o Corea del Sur, y la de acuerdos sobre doble tributación con India y la misma Corea del Sur.

Los resultados de esa ofensiva pueden empezar a verse antes de lo que muchos piensan, como lo demuestra la celebración en estos días en Bogotá de la Tercera Cumbre Empresarial entre China y América Latina, que ha significado la visita de cerca de trescientos empresarios chinos al país para conocer las oportunidades de comercio e inversión que están por explotar.

Ante el panorama que se nos abre, lo mejor que pueden hacer los empresarios colombianos que trabajan en sectores transables es empezar a pensar en exportar a Asia. ¿Y los que están en sectores no transables? Por lo menos deberían montar una academia de lenguas orientales...

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
25 de noviembre de 2009
Autor
MAURICIO REINA. Investigador Asociado de Fedesarrollo

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