A principio de este mes el grupo ecuatoriano Plasticaucho, dueño de la empresa Venus Colombiana, inauguró una planta para la producción de zapatos en Yumbo, Valle del Cauca, en la que invirtió 2,5 millones de dólares (5.000 millones de pesos) y en diciembre gastará otros 5 millones de dólares más.
A simple vista esto parece un contrasentido, debido a que los indicadores de la producción y las ventas de la industria de calzado están pisando terreno negativo desde hace varios meses y el mercado local se encuentra inundado de producto barato, debido a la revaluación.
Inclusive, Venus Colombia trajo zapatos por 10 años de Ecuador. Sin embargo, la explicación para la decisión de esta empresa radica en que le está apostando al potencial de mediano y largo plazo del mercado interno y los beneficios que le puede traer a Colombia la firma de tratados de libre comercio con México, Centroamérica y los que planea con la UE, Canadá y Estados Unidos.
Esto, según sus directivos, coloca a Plasticaucho en mejor posición que si estuviera en su país porque llegará el momento en el que el gravamen para entrar a dichos mercados será cero y podrá ser más competitiva no solo en diseño sino también en precio.
Otros, factores que ponen a Colombia en la agenda de los inversionistas foráneos se encuentran la estabilidad en las reglas jurídicas, la flexibilización de contratos petroleros y mineros y los beneficios a las zonas francas.
Aunque no es uno de los países que más recibe inversión extranjera directa (IED) en Latinoamérica, porque la mayor 'tajada' se la llevan México y Brasil, Colombia se caracteriza por ser consistente. Es así como durante varios años recibió por este concepto entre 400 y 2.000 millones de dólares anuales.
Sin embargo, en la última década, arrojó en un año 8.500 millones de dólares, en otro de 6.500 millones y en un tercero 9.028 millones de dólares. El año pasado registró 10.574 millones de dólares.
Entre el primero de enero y el 15 de noviembre de este año la IED llegó a 6.645 millones de dólares, lo que representa una disminución de 11,7 por ciento respecto a igual periodo del 2008. Es más, el presidente Álvaro Uribe Vélez calculó que este año se situará en 8.500 millones de dólares.
Aunque ese monto sería inferior 24,3 por ciento al de 2008, lo considera positivo si se tiene en cuenta que en el resto de países ha caído 44 por ciento debido a que la recesión mundial las empresas pospusieron proyectos, por la falta de expectativas de consumo o a que no encontraron recursos entre la banca para financiarse.
"Colombia se benefició del 'boom' regional, no porque haya más confianza inversionista sino porque participó del mayor flujo de inversiones hacia América Latina. Cuando la economía mundial se recupere pasará lo mismo", afirma, por el contrario, el decano de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional, Jorge Iván Bula.
A septiembre, no obstante, la inversión extranjera en México cayó 37 por ciento y se prevé que en diciembre el desplome será de 34 por ciento.
A favor y en contra
La presidenta de Proexport, María Elvira Pombo, afirma que los contactos que realiza esa entidad con las empresas extranjeras y las misiones de promoción en el exterior, ayudarán a que los proyectos que fueron aplazados por la crisis vuelvan a 'despertar'.
"En épocas de crisis, hay oportunidades que se pueden aprovechar en otros mercados que tienen una situación más favorable", agregaron por su parte fuentes del grupo español Domingo Alonso, al comprarle a la Compañía Checa Automotriz los derechos de distribución de la marca Skoda, por cerca de 6.400 millones de pesos.
El presidente de la junta directiva de la firma colombo taiwanesa Glormed Colombia - que también concretó hace unos días un ensanche en la planta de Cartagena en la que invirtió 5 millones de dólares-, Rodolfo Gedeón, dice que el régimen de zonas francas facilita la operación de esa empresa porque el 75 por ciento de las ventas son exportaciones.
"Podemos importar a la planta materia prima sin nacionalizar y luego exportamos producto terminado como si lo estuviéramos haciendo desde otro país", explica.
¿Bueno o malo?
Las cifras provisionales de la Balanza Cambiaria, al 15 de noviembre pasado, indican que la inversión extranjera directa en petróleo y minas creció 12,4 por ciento al ubicarse en 5.893 millones de dólares. Además, representó 89 por ciento del total. Por eso, algunos analistas sostienen que Colombia se está convirtiendo en un país minero y petrolero y desestimulando otros sectores que generan alto empleo.
El ministro de Comercio, Industria y Comercio, Luis Guillermo Plata, dice sin embargo que aunque la caída en la IED en Colombia ha sido aminorada por el aumento en minas y petróleo, ello se debe a que son productos que el mundo está demandando y cuya explotación comercial requiere inversiones más grandes que otros.
"Pero si miramos objetivamente este año en sectores no mineros ni petroleros la inversión llegará a 1.000 millones de dólares, que era todo lo que recibía Colombia hace algunos años de IED total", explica.
No obstante, la inversión foránea en actividades distintas a minas y petróleo este año se ha desplomado 99,5 por ciento y llega a 722 millones de dólares, cuando por esta misma época del 2008 se ubicaba en 2.254 millones de dólares.
Según Mauricio Reina, investigador de Fedesarrollo, la concentración de la IED en minas y petróleo no es mala, pero también puede causar la llamada enfermedad holandesa, inundación de divisas que revalúa el peso y desestimula el resto de sectores productivos. "En momentos como los actuales, en los que hay incertidumbre sobre la recuperación de la economía mundial, esa inversión nos provee unos recursos externos que ante la caída de las exportaciones que causa la menor demanda amortigua el golpe", explica.
También considera que es apenas lógico que las empresas extranjeras que explotan recursos no renovables en el país traigan recursos como inversión para sus proyectos en el país y respondan a la demanda externa de comodities (materias primas).
Aunque coincide con otros analistas en el crecimiento de la inversión extranjera directa en carbón y petróleo, no se refleja en un aumento intensivo del empleo, dado que demanda personal altamente especializado, el decano de la Nacional reconoce que se caracteriza por tener economías de enclave, es decir, que no generan encadenamientos con otros sectores de la economía.
El economista Eduardo Sarmiento Palacio dice que a diferencia de sectores intensivos como el agro o la industria, que compiten fuertemente en precios, la inversión en energía produce grandes rentas que originan dividendos por vías dobles como la explotación y la repatriación de capitales.
"La estructura de alta dependencia de los recursos naturales no es conveniente porque se logra a cambio de desplazara sectores de mayor dinamismo, capacidad de empleo y absorción tecnológica", agrega. Considera que la dependencia de los recursos de minas o petróleo no es un modelo que profundice el desarrollo".
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