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Domingo 27 de Mayo de 2012

Las plagas del imperio

En pocas semanas habrá terminado la primera década del siglo XXI dejando marcas indelebles en la historia de Estados Unidos. Se podría decir que en este periodo fueron cinco sucesos los que debilitaron el poderío norteamericano, con efectos que se seguirán sintiendo por un largo rato.

La lista la encabezan el 11 de Septiembre del 2001, que será recordado como el peor atentado a la seguridad nacional estadounidense. Por cuenta de este acto demencial se declaró una guerra contra el terrorismo que ha replanteado el ejercicio de las libertades individuales frente a la seguridad colectiva, se abrió paso a una nueva doctrina de guerras preventivas y se relativizaron muchos principios del derecho internacional, como lo demostró la cárcel de Guantánamo.

En segundo lugar la caída de Enron y Arthur Andersen constituyeron el escándalo más grande de fraude corporativo en los mercados de capital y sus sistemas de control. Las fallas estructurales en el manejo de la información financiera y la falta de transparencia en la relación de los auditores con sus clientes, fueron la base para una transformación de la regulación contable y el auge de los principios del buen gobierno empresarial, bajo la guía de la Ley Sarbanes-Oxley.

El tercer suceso lo constituye la Guerra de Irak, el cual pasará a la historia como uno de los errores más graves en la política exterior de la Casa Blanca. El haber procedido unilateralmente a una acción militar sin el respaldo de las Naciones Unidas, el no encontrar armas de destrucción masiva y adelantar una ocupación sin respaldo popular, no sólo ha detonando un conflicto étnico y religioso que perdurará por años, sino que ha creado un clima de desconfianza hacia los E.U. en las potencias emergentes.

La catástrofe del huracán Katrina que ha sido catalogado como el desastre natural más devastador en suelo americano, representa el cuarto acontecimiento. Las fallas en los sistemas de prevención de desastres y reacción inmediata, sin mencionar la precariedad de la infraestructura de los Estados más pobres, hicieron que los ojos del mundo observaran la inequidad que se esconde en las regiones deprimidas de la principal potencia mundial, al igual que los efectos palpables del cambio climático.

Por último está la crisis financiera que, debido a fallas regulatorias e incentivos perversos en la cadena de titularización de cartera hipotecaria, activó la tormenta económica global más severa desde la Gran Depresión. Como resultado de ella los balances fiscales de las economías más poderosas, la regulación de los mercados y la apertura a la innovación financiera cambiarán de manera estructural.

Ahora, cuando empieza una nueva década, los E.U. enfrenta desafíos que determinarán su papel en el ajedrez geopolítico internacional. La decisión de arremeter militarmente en Afganistán contra la estructura Talibán, el debilitamiento del dólar, el aumento del desempleo, las tensiones con Irán y la necesidad de corregir los desequilibrios fiscales son claras consecuencias de una década llena de desaciertos con repercusiones que marcarán el éxito o el fracaso de un presidente que ha encarnado la esperanza. La forma en la que estos retos sean sorteados determinará la estabilidad política y económica global durante los próximos años. Quizás por eso la colaboración y coordinación internacional para afrontarlos será vital, pues como lo ha dicho Barack Obama, "su país no lo puede hacer solo".



ivanduquemarquez@gmail.com

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
9 de diciembre de 2009
Autor
IVAN DUQUE MÁRQUEZ Consejero Principal por Colombia y Perú ante el BID

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