De tiempo atrás, Colombia se ha mantenido de espaldas al Asia, pese a los visionarios y exitosos esfuerzos de entidades de primera línea como la Federación Nacional de Cafeteros y Proexport. Ahora, se abre una nueva ventana de oportunidad con la oficialización del inicio de las negociaciones de un TLC con Corea del Sur a comienzos del año entrante, pieza fundamental para seguir con el proceso de internacionalización de nuestra economía.
Corea del Sur puede ser nuestra puerta de entrada al Asia. País amigo y aliado, de reconocimiento mutuo por el decisivo papel que jugó el Batallón Colombia en la Guerra de Corea en los años cincuenta; expresado en la práctica por la no exigencia de visas de inmigración a los colombianos, una verdadera rareza en el mundo diplomático contemporáneo para nuestros connacionales. Corea del Sur se perfila como un puente entre China y Japón, economías con las cuales comparte una milenaria historia que se palpa en sus expresiones culturales, idiomáticas e incluso religiosas, ahora en espera de una integración comercial de alto vuelo.
Corea del Sur, miembro del G-20, es el primer país asiático en ser sede oficial en el 2010, a la cual asisten los líderes de 25 países y 10.000 participantes de las organizaciones multilaterales más poderosas del planeta. Allí, Corea del Sur, con un PIB de 929 mil millones dólares, un PIB per cápita de 28.120 dólares y 48 millones de habitantes, según datos del Banco Mundial, pretende jugar un papel de centro en representación de los intereses de las economías emergentes. Corea del Sur es miembro fundador de Apec (Asia-Pacific Economic Cooperation, en español Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico), al cual Colombia procura ingresar cuando cese la moratoria impuesta para la entrada de nuevos miembros en el 2010.
La negociación para Colombia es un bello desafío. Corea del Sur es una potencia industrial de peso, quinceava en el mundo, cuya rápida industrialización iniciada en los años sesenta transformó su economía agraria en una nación de altos ingresos y tecnología de punta de clase mundial, como lo demuestran su poderosa industria automotriz, de telecomunicaciones y sus astilleros, todos del primer mundo. En contraste con las reformas que se adelantaron en América Latina en la década pérdida de los años 80 y 90, el foco productivo en Corea del Sur se dirigió a la promoción de actividades no tradicionales de exportación, y dejó para una fase posterior la apertura unilateral y la liberalización de las importaciones con sus principales socios comerciales.
Corea del Sur asombra desde el momento mismo de la llegada a Seúl, su capital de 11 millones de habitantes. El aeropuerto internacional de Incheon es un reflejo genial de diseño y ejecución de la industria coreana, considerado el mejor del mundo según el Consejo Internacional de Aeropuertos de Suiza, el cual debería servir de inspiración a Opain, concesionario de nuestro arcaico y estrecho aeropuerto El Dorado en Bogotá. Igual ocurre con sus agitadas y bien diseñadas avenidas, cuyos centros nerviosos, comerciales, financieros y residenciales, revelan una pujante economía que mira hacia el futuro con optimismo y envidiable realismo mágico.
aespinosa@minagricultura.gov.co
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