Era evitable el fiasco de política exterior del Acuerdo de Cooperación en Defensa entre Colombia y E.U., acaso el mayor de esta década para ambos países en el contexto latinoamericano. Hicieron falta mejor comunicación colombiana y menor rigidez norteamericana.
Es explicable el interés colombiano. La lucha antisubversiva y antidroga ha progresado mucho, pero dista de haber concluido y sus resultados podrían estancarse sin un apoyo 'continuado' de E.U. en infraestructura, logística, inteligencia y tecnología.
El Acuerdo cumple estas metas. E.U. ya tiene acceso a seis de las siete bases concernidas y lo tuvo a la séptima (Palenquero) antes del cruento bombardeo de Santo Domingo, por el cual E.U. la descertificó y la Corte Interamericana de D.H. condenó a la nación. En desarrollo del Acuerdo, podrá haber inversión física norteamericana en todas y término de cooperación ampliado: hasta el 2019 ó 2029.
Palenquero también es inmejorable para prevenir el narcotráfico y monitorear el Pacífico suramericano, como lo era Ecuador (1999-2009).
En suma, el Acuerdo configura un Plan Colombia III (Plan Colombia II llega hasta el 2013) y se entiende que así propuso denominarlo el Gobierno Nacional. De aceptarlo E.U., tampoco habría caído bien en Latinoamérica pero sin suscitar el hondo rechazo que generó la concesión putativa de 'siete bases'. Sin embargo, E.U. no lo aceptó por razones burocráticas y legales, y mostró igual rigidez al negociar los 'privilegios e inmunidades' de sus dependientes, justamente criticados por el Consejo de Estado.
Total: la región sobredimensionó el 'valor agregado' del Acuerdo, atribuyéndole carácter amenazante, novedoso y masivo a una presencia militar norteamericana preexistente, sin que Colombia supiera desvirtuarlo. Su divulgación por Internet ahondó la consternación regional.
El 'desprendimiento' diplomático de E.U. pretende minimizar sus costos políticos y trasladárselos a Colombia, en un nuevo contexto de corrección política en donde cunde la tesis de que las estrategias represivas (Plan Colombia/Plan Mérida) fracasaron: informe de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, creación en curso por la Cámara de Representantes de E.U. de la Comisión sobre Políticas de Droga en el Hemisferio Occidental, para revaluar una estrategia 'fallida', etc.
Hay un asunto de fondo. Pese al éxito de Plan Colombia en el 2008 (caída de la superficie cultivada de coca en 18 por ciento y, de la producción de cocaína, en 28 por ciento; auge de su precio neoyorquino en 65 por ciento, para una pureza 27 por ciento inferior), el análisis de beneficio-costo depende del objetivo planteado.
Si es la ocupación integral del territorio por el Estado (meta antiinsurgente), el costo marginal de luchar también contra la droga es... marginal (viceministro de Defensa Juan Carlos Pinzón, 'Debate de Coyuntura Económica', mayo/09).
Si prevalece el objetivo antidroga, sería quizás más efectivo luchar contra el narcotráfico, río arriba (precursores, armas) y río abajo (droga, dinero), que combatir su producción (Norman Loayza, Daniel Mejía, ibídem..).
Plan Colombia combina ambas metas, en una ambigüedad deliberada de vieja data, justificada por su reconocida interdependencia. Son, con todo, metas distintas y su opinion pública algún día podría distanciar a E.U. de la primera para concentrarlos en la segunda, razón más, desde la óptica colombiana, para 'amarrar' por 6 ó 16 años más el apoyo que recibe Plan Colombia.
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