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Domingo 27 de Mayo de 2012

La leyenda viviente de Muhammad Ali

Cincuenta años des- pués de esa Navidad invadida de sueños, la leyenda de Muhammad Ali perdura reconociendo sus obras como embajador de paz de las Naciones Unidas". 

La navidad de 1959 en Louisville Kentucky, marcó para un joven de 17 años, bajo el nombre de Cassius Marcellus Clay, el preámbulo de una las carreras más deslumbrantes en la historia del deporte.

Cinco años después de haber sido reclutado por el ex policía Joe Mattin para entrenar en su gimnasio, luego de perder su bicicleta en un asalto, este pugilista que ya acariciaba tenuemente la fama local en el boxeo amateur, se preparaba para la gloria en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960.

Al llegar a la ciudad eterna como miembro del equipo de E.U., Clay embrujó a cientos de espectadores con sus mágicos movimientos en el cuadrilátero que culminaron con la medalla de oro sobre su cuello en ese caluroso verano romano.

Pocos meses después inició su carrera como profesional venciendo por decisión unánime a Tunney Hunsaker. Desde entonces bajo la tutela de su entrenador Angelo Dundee, Cassius Clay, iniciaría una de las leyendas más famosas del boxeo con sesenta y un combates, cincuenta y seis victorias, treinta y siete de ellas por nocaut, y tan sólo cinco derrotas.

La fama y la admiración que ha irradiado Clay no sólo surgió desde el momento en que se coronó campeón de los pesos pesados en febrero de 1964 tras dejar adherido a la lona a Sonny Liston.

Tampoco obedece exclusivamente a ser el boxeador con más rounds en la categoría de pesos pesados, con doscientos cincuenta y cinco asaltos.

Su admiración se debe a ser una combinación de campeón y líder, deportista y activista, boxeador y luchador, defensor infatigable de los derechos civiles y paradójicamente, enemigo de la guerra.

Estas características salieron a relucir debido a su voraz deseo de desafiar lo convencional sin temer los jabs y ganchos verbales de sus críticos.

Quizás por eso en 1964 tras haber alcanzado el campeonato, no tuvo reparos en cambiar su nombre por el de Muhammad Ali y vincularse abiertamente al islam en una mezcla de fervor y rebeldía, protesta y convicción.

Lo cierto es que Ali como monarca de los pesos pesados realizó nueve exitosas defensas del título hasta que el Estado lo despojó de él por rehusarse a prestar servicio militar obligatorio en la Guerra de Vietnam, aludiendo objeciones de conciencia y cuestionando el intervencionismo de E.U. en el país asiático.

Fueron casi tres años por fuera del cuadrilátero en los cuales fue puesto contra las cuerdas por la opinión pública. Ali aguantó hasta que la historia le dio la razón y el pueblo norteamericano se unió contra la guerra. Gracias a un fallo de la Corte de Nueva York, y un pronunciamiento unánime de la Corte Suprema, Alí volvió al cuadrilátero.

Coincidencialmente desde ese momento experimentó sus primeras derrotas, le brindo al boxeo las mejores peleas de la historia y fue campeón en dos ocasiones, imponiendo su talento frente a la juventud demoledora de sus contrincantes.

Cincuenta años después de esa Navidad invadida de sueños, la leyenda de Muhammad Ali perdura reconociendo sus obras como embajador de paz de las Naciones Unidas, promotor de los derechos civiles y filántropo de las ciencias médicas y la educación. Su vida es el ejemplo de un campeón que nunca perderá el título.

ivanduquemarquez@gmail.com

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
23 de diciembre de 2009
Autor
IVÁN DUQUE MÁRQUEZ / Consejero Principal por Colombia y Perú ante el BID

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