Tuve la oportunidad de participar en todo el proceso de negociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, y pude vivir el trabajo de análisis que tanto el sector privado como el Gobierno realizaron para identificar lo que deberían ser las prioridades del país por cuenta de estos cambios.
No hay que hacer demasiado esfuerzo para concluir lo mismo que todos los actores identificaron como prioridades consignadas en lo que se denominó la Agenda Interna. ¿Será que alguien en el Gobierno se acuerda todavía de eso? Incluso, parece que son muchos los empresarios que ya se han olvidado del tema, convencidos que los estímulos tributarios son suficientes para salir adelante.
Pues bien, sobre esto se podría hablar mucho y sería de gran utilidad que se desempolvaran los documentos de ese entonces. Tampoco hay que ser científico de la Nasa para concluir que un aspecto prioritario en esa Agenda y elemento fundamental para beneficiarse de estas negociaciones es el de contar con una infraestructura adecuada.
Resulta entonces dramático ver cómo se ha perdido el tiempo en este frente, mientras que el resto del mundo avanza sin pausa. Ni qué hablar de los progresos en Chile, por ejemplo, pero países con menos nivel de desarrollo muestran resultados importantes como puede ser el caso de la nueva Autopista Colón - Ciudad de Panamá, que permite hacer en 35 minutos el trayecto que antes tomaba más de una hora.
Los sueños del Ministro de Transporte, como es el caso de Tribugá; lo equivocado de sus prioridades, como fue el caso del Plan 2.500, y la incompetencia para tener un buen equipo y unas instituciones caminando, como ha ocurrido en el caso de Invías, del Inco o del Runt, lo que ha dejado son retrasos y más retrasos, y dificultades crecientes para aprovechar las oportunidades. Qué tal, por ejemplo, situaciones como las del Puerto de Cartagena, cada vez más eficiente y más sólido, aislado del interior del país debido a unas carreteras completamente obsoletas y sin esperanzas de solución cercana, por cuenta del lamentable proceso de contratación.
El mal ejemplo cunde y Bogotá, que se había convertido en ejemplo para el país al demostrar que es posible cambiar las cosas, entró en el mismo desastre y, como se ha visto en estos días, obras críticas como la de la Troncal de la 26 se encuentra al borde de una crisis monumental. Crisis que por lo demás, y por cuenta del inadecuado proceso de adjudicación de obras públicas puede llegar a tener muy graves repercusiones en muchas construcciones, ya que se ha permitido una muy peligrosa concentración en pocas firmas, y los problemas de una empresa pueden terminar afectando, tanto nacional, como localmente.
Ojalá los candidatos a la Presidencia le den a este tema la importancia que se merece y en el no deseable escenario de un tercer periodo, Uribe actúe con la energía que muestra para otros temas, y ponga al frente de las entidades pertinentes a personas que puedan hacer lo que no se hizo en estos ocho años.
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