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Miercoles 15 de Febrero de 2012

Salud: examen de democracia

Largo y culebrero ha sido el camino colombiano hacia una democracia liberal moderna. El régimen político ha sido incapaz de empujar seriamente a Colombia en la dirección correcta.

Seguimos siendo una nación que chapotea en el pantano de la pobreza y la desigualdad. Hay razones para el pesimismo. Más acá de las discusiones sobre las incidencias técnicas de los decretos expedidos con base en la llamada Emergencia Social, este episodio vuelve a dejar en evidencia que Colombia no tiene un destino manifiesto marcado por la consolidación de la democracia seria. De la democracia en serio.

Antes de darle paso a la esgrima de los números, a la sofisticación de los técnicos, a la crítica de la solitaria, arrogante improvisación del Gobierno en la hechura de estas normas, al manifiesto contra la intromisión oficial en la ética personal y colectiva de los profesionales de la salud, es conveniente referirse a dos o tres asuntos menos complicados.

Tengo derecho a mantenerme sano. Tengo derecho a saber cómo puedo ayudarme y cómo me pueden ayudar a mantenerme sano. Tengo derecho a recuperar la sanidad perdida. Tengo derecho a los tratamientos disponibles y salvadores contra una enfermedad catastrófica. Tengo pues, derecho a la salud, que es uno de los derechos sociales, económicos y culturales que hoy reconoce la comunidad humana.

El sistema de salud es la organización logística, tributaria, de aportes y cotizaciones y regulaciones que el Estado construye para garantizar el derecho a la salud. En los países pobres especialmente, pero también en los ricos, esta garantía no puede ser continua, integral, inmediata.

Pero una democracia seria sí exhibe el compromiso de avanzar continuamente hacia la garantía plena del derecho a la salud.

El sistema de salud es un conjunto de instrumentos usados para decidir en cada momento a quién se satisface y quién se queda por fuera de la prestación de los servicios del sistema de salud. El racionamiento es inevitable frente a la limitación de los recursos disponibles.

Las reglas aplicadas para el racionamiento definen en qué clase de sociedad vivimos desde el punto de vista de la seriedad de la democracia. Siempre habrá individuos frustrados, insatisfechos, forzados a buscar soluciones por fuera del sistema. Pero es injusto que una persona no atendida, que no posea los recursos para demandar servicios distintos al sistema de salud, sólo tenga la opción de languidecer en la enfermedad y morir.

En todo caso, la claridad y la solidez de las reglas del racionamiento son indicadores poderosos de la calidad del régimen político. De la calidad de la democracia.

El sistema de salud es, siempre, pieza clave del sistema de seguridad o protección social dispuesto por el Estado, como administrador, o como regulador, o como alguna mezcla de los dos.

Un buen sistema de protección social siempre va acompañado de un mundo laboral definido por la formalidad y la dignidad de los salarios. En ese mundo, la financiación del sistema de seguridad social descansa principalmente en los aportes y cotizaciones de los individuos. En un país signado por el rebusque y la informalidad y la desocupación es imposible un sistema viable de protección social.

Sólo queda el recurso a los subsidios que, como ha quedado evidente en Colombia, no pueden durar mucho, estimulan la corrupción, les quitan recursos a otros objetivos meritorios del gasto público.

Un buen sistema de protección social camina también, par y paso, con un régimen tributario progresivo, suficiente para asignar los recursos fiscales complementarios. En este precario mundo laboral, y con este mediocre régimen tributario, no habrá manera alguna de tener un sistema de salud viable en Colombia. cgonzalm@etb.net.co

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
2 de febrero de 2010
Autor
CÉSAR GONZÁLEZ MUÑOZ Consultor privado

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