Utilizar este vehículo para educar y desarrollar hábitos de lectura en los niños no debe ser exclusivo del inglés, idioma que captura el 70 por ciento del mercado de novelas gráficas. Las novelas gráficas siempre han sido percibidas como propias de niños inquietos o adultos fanáticos que se rehusan a crecer y disfrutan apasionadamente la abstracción de la realidad. Lo cierto es que esta variedad literaria, la cual desarrolla una secuencia narrativa con la forma de un cómic, se ha convertido en el segmento de mayor crecimiento en la industria editorial de E.U., Japón y Europa. Tan solo en Norteamérica, incluyendo Canadá, las ventas de novelas gráficas se cuadruplicaron en la última década superando los trescientos cincuenta millones de dólares en ventas en el 2009. Uno de los distintivos esenciales de este género son los personajes. Por lo general, tienden a ser superhéroes que a lo largo de la historia adelantan sus tareas justicieras, dando a conocer contradicciones psicológicas y sentimientos morales. Libros como las de Allen Moore en V for Vendetta, en el cual un vengador anónimo desafía un gobierno autoritario, o en Watchmen, donde vigilantes que luchan contra el crimen se enfrentan en una compleja conspiración, exteriorizando soterradamente sus inclinaciones filosóficas, ya son considerados como clásicos. Lo llamativo es que detrás de esta forma poderosa de comunicación, figuras como Art Spiegelman han encontrado el mejor vehículo para exponer la crudeza de la realidad. Con la serie Maus, en la que se vale de una fascinante simbología gráfica para exponer la barbarie del Holocausto, alcanzó el premio Pulitzer en 1992, demostrando el alcance intelectual de una especie artística en evolución. Creadores como el japonés Ozamo Tezuka, conocido como el 'Dios del Manga', quien ha plasmado con imágenes mágicas la vida de Buddha o Marjane Satrapi, que con Pérsepolis, ha denunciado los abusos del radicalismo islámico en Irán, son ejemplos de lo mucho que puede lograr la combinación de imágenes y palabras. El alcance de este género ya ha trascendido la ciencia ficción e inclusive la denuncia política. La Escuela de Negocios de Harvard le apostó en el 2009 a desarrollar uno de sus famosos casos de análisis, con el nombre de i primer, utilizando las técnicas de la novela gráfica. Así mismo los autores Apostolos Dioxiadis y Christos Papadimitriou han producido una obra maestra llamada Logicomix, que explora a profundidad la vida de Bertrand Russell y su lucha incansable por encontrar el fundamento de las matemáticas. Logicomix es la más viva demostración de una revolución gráfica en constante perfeccionamiento. Lograr mediante imágenes llenas de colorido y diálogos que fusionan la simplicidad de los cómics con la profundidad de la filosofía, para descifrar la esencia analítica de matemáticos y pensadores como Boole, Cantor, Frege, Hilbert, Whitehead e inclusive Ludwid Wittgenstein, es digno de admiración. Saborear Logicomix (www.logicomix.com/en), es aceptar que las matemáticas y las disciplinas más complejas pueden ser narradas para cualquier edad, mediante una técnica que atrapa la atención del lector, invitándolo a seguir una aventura incierta. Utilizar este vehículo para educar y desarrollar hábitos de lectura en los niños no debe ser exclusivo del inglés, idioma que captura el 70 por ciento del mercado de novelas gráficas. Replicar lo que han realizado organizaciones como Leyendo con Imágenes (Reading with Pictures) para fomentar el uso de las técnicas del cómic en la educación es una forma de lograr que nuevas generaciones se orienten hacia temas como la historia y las ciencias. Aprovechar esta revolución es un deber del español.
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