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Martes 14 de Febrero de 2012

Fisuras en el teflón

¡Qué semana! El 2010 arrancó notificando que el dulzor del fin de año había terminado. Los arpegios del Festival de Música de Cartagena adormecían todavía a don Sancho cuando la flota de las malaventuras dibujó sus velas en el horizonte. Una armada similar a la de los piratas que en 1697 enfrentó en Bocachica.

La semana que acaba de pasar llegó disparando sonoras y mortíferas andanadas, cuyas balas perdidas vulneran el referendo. El aumento del desempleo sacudió la complacencia del Gobierno que sacaba pecho por haber pasado el año 2009 raspando, un resultado nada malo en medio de incontrolables factores exógenos. Sólo que el tres en conducta no llena los bolsillos del informal o el desempleado.

Luego, buscando neutralizar desbordadas fuerzas del mal, se acudió a la imprudente idea de reclutar, como política de Estado, a estudiantes para que informen entuertos ¡Qué barbaridad! A los jóvenes hay que sacarlos de la protervia de los adultos; no meterlos ni aun para enrolarlos al servicio de las fuerzas del bien.

Por otra parte, a punta de tutelas y fallos de la Corte que confirman el derecho a la salud consagrado en la Constitución, esa del 91 que otorga prerrogativas sin recursos para sustentarlas, el sistema nacional de salubridad iba hacia la quiebra.

El remedio decretado parece ser peor que las dolencias. Excepto por parte de las EPS, que hicieron bien su cabildeo, hay casi universal rechazo a los decretos de Ministerio de Protección. Recetar por comité estatal para avalar facturas es tan mortal como las enfermedades mismas para maltrechos hospitales y clínicas. Entretanto, pasó cuasiagachada la minirreforma tributaria de la declaratoria de Emergencia Social, y la inflación de enero fue casi tan alta como la de todo el año pasado.

El país contempla atónito cómo la Corte Suprema regresó de sus vacaciones votando en contrita viabilidad. La rechazada terna para Fiscal General se compone ahora, después del descanso, de un ramillete de notables, encabezados en la urna por Camilo, quien según pretéritos conceptos era más inviable de los inviables. Asombroso.

Jóvenes y emprendedores contratistas de obras públicas de rápido crecimiento -demasiado quizá para su propio bien- flirtean con la iliquidez. Proyectos de gran envergadura tambalean, mientras aumenta la incomodidad del ciudadano.

Por su lado, Chávez se consolida por la fuerza en el poder para profundizar su programa de organización marxista de la sociedad, exportable y similar al que proponen las Farc.

En la confusión, las listas para las elecciones de marzo, acunadas por la apatía, se saturan de empresas familiares acaudilladas en partidos de bolsillo por actores con cuentas judiciales sin saldar. Y el magnicidio de Álvaro Gómez reaparece en una neblina de testigos y contratestigos de dudosa estirpe, para enlodar clamando justicia a encopetados actores políticos.

¡Ah! Y en el trasfondo el referendo transita incorpóreo por los andariveles de la Corte Constitucional e induce somnolencias. Se agita, sin embargo, el proscenio.

Las encuestas respiran un hálito de rebelión ciudadana. Se detectan fisuras en el teflón. ¡Uribe sí, reelección no! Mientras el Presidente multiplica raudo su campaña reeleccionista implícita y todavía sin sanción legal, parte del electorado que lo admira quisiera evitar tener que votar por él.

De prolongarse los sobresaltos recientes y si la oposición se abstiene, muchos opinan que llegar al 25 por ciento del registro electoral para validar el referendo (si lo hay) no es pan comido. rsegovia@axesat.com

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
4 de febrero de 2010
Autor
RODOLFO SEGOVIA Ex ministro. Historiador

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