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Domingo 27 de Mayo de 2012

Editorial / De siglas y peligros

El grupo de naciones conocidas como los Pigs tiene ahora con los nervios de punta a la Unión Europea y, de paso, a un planeta que todavía lucha por dejar atrás la fuerte crisis económica internacional.

Hace pocos años un analista internacional lanzó un acrónimo que se hizo conocido en pocos días en las más diversas latitudes. La nueva palabra fue Bric, nacida de las iniciales de Brasil, Rusia, India y China, descritas como las economías emergentes de mayor potencial, gracias a la combinación de amplios recursos naturales y un mercado interno de tamaño considerable. De hecho, la crisis del 2009 dejó en claro que tres de los cuatro integrantes de dicho club -con la notoria excepción de los rusos- supieron superar la tormenta sin mayores daños.

Esa preferencia por las siglas ha vuelto a quedar en evidencia. Ahora lo que está de moda son los Pigs, palabra compuesta por Portugal, Italia, Grecia y España (por su nombre en inglés). Aparte del doble sentido del término en Estados Unidos o Gran Bretaña, que hace referencia al género porcino, la expresión se refiere a los territorios que se encuentran en un riesgo serio para cumplir sus obligaciones. Semejante caracterización ha caído muy mal tanto en Lisboa, como Roma, Atenas y Madrid.

Los respectivos gobiernos no solo afirman que es una injusticia, sino que tiene dejos de racismo pues al fin de cuentas todos los países mencionados se encuentran en la parte sur del Viejo Continente, al lado del Mar Mediterráneo.

Pero más allá de ese debate, es innegable el nerviosismo en los mercados. La preocupación sobre la sostenibilidad de varias economías de alto ingreso ha sido el equivalente de un vendaval que ha soplado en todas partes. Tanto el rápido descenso en el valor del euro, como la ola bajista que ha golpeado a las principales bolsas en todos los continentes -incluyendo la colombiana- tienen que ver con el malestar europeo.

El detonante de las preocupaciones iniciales fue Grecia, que ha venido haciendo agua desde hace rato. Después de haber abandonado su moneda -el dracma- y haber entrado a la zona euro, el país se benefició de una avalancha de recursos baratos que rápidamente le hicieron olvidar la ortodoxia fiscal. Ese hecho le permitió crecer a una tasa promedio cercana al 4 por ciento anual durante buena parte del nuevo siglo, pero el impulso provino más de un auge en el consumo que de una expansión productiva.

Como si fuera poco, el desorden en las cuentas públicas hizo que la inflación griega fuera una de las más altas de Europa, con lo cual sus exportaciones perdieron competitividad.

Esas debilidades quedaron en evidencia cuando llegó la recesión mundial. El menor ritmo en el crecimiento se tradujo en una baja de los recaudos impositivos, al tiempo que el gobierno en Atenas trataba de mantener sus programas de gasto como parte de su política anticíclica. No obstante, la realidad fue puesta en claro por la administración de George Papandreou, quien al llegar al poder en septiembre anunció que la situación económica era desesperada. Semanas más tarde, el propio Primer Ministro reconoció que el déficit fiscal ascendía al equivalente de 12,7 por ciento del Producto Interno Bruto, uno de los más altos del planeta.

Desde entonces, las autoridades han tratado de buscar remedios que les devuelvan la calma a las entidades que tienen papeles de deuda de la nación mediterránea. El esfuerzo más reciente fue la promesa de reducir el faltante al 3 por ciento del PIB en el 2012, pero eso incluye una serie de recortes que no son nada fáciles. Prueba de ello son los anuncios de huelga de los empleados públicos y los ataques de la oposición.

Algo similar ha ocurrido en Portugal cuyas cifras son un poco mejores, pero que también revelan un profundo desajuste. Sin embargo, la mayor preocupación proviene de los casos de Italia y España, pues por su tamaño cada una tendría un impacto mucho más grande, en caso de tener problemas.

En respuesta, los respectivos gobiernos reconocen que la situación es compleja, pero que no tienen problema alguno con el cumplimiento de sus obligaciones. No obstante, los márgenes de riesgo de los papeles emitidos por los Pigs se han disparado, mientras que los mercados de valores han entrado en barrena. Ante lo sucedido, el dilema de Bruselas es si darle la mano a sus socios o no.

En principio, no existe un mecanismo definido fuera de la austeridad, pero si la supervivencia del euro está en juego, no habrá más remedio que buscar una salida cuanto antes.

Publicación
portafolio.co
Sección
Otros
Fecha de publicación
8 de febrero de 2010
Autor

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