Después de los Juegos Olímpicos, las exhibiciones mundiales son el evento más vistoso e impactante que se puede realizar en un país. En él se congregan millones de personas para transitar los pabellones en los que cientos de países exponen cultura, productos, tecnologías, al igual que sus condiciones económicas y sociales para atraer inversionistas y socios comerciales.
Desde 1851, cuando se realizó la primera exhibición mundial en Londres, gracias al auspicio de la Reina Victoria, se pretendió hacer de este evento la vitrina por excelencia para que los anfitriones hicieran gala de su progreso. En aquella oportunidad, con la construcción del Palacio de Cristal como sede del encuentro, el imperio británico demostró ante el mundo el acelerado poderío industrial, que por décadas lo convertiría en el centro económico global.
Con el paso de los años y el uso del término 'expo', estas ferias tomarían vida propia generando una intensa competencia de países para albergarlas en su territorio. Filadelfia en 1876 fue la oportunidad dorada para que Estados Unidos hicieran evidente su dinamismo tecnológico presentando en el Centenial Hall, el teléfono de Graham Bell y la máquina de escribir Remington.
Ciudades como París en 1889, celebrando el primer centenario de la Revolución Francesa, mostraron con la majestuosidad de la Torre Eiffel, su paso a la modernidad, mientras que Montreal en 1967, Osaka en 1970, Sevilla en 1992 y Lisboa en 1998, por sólo mencionar algunas, han quedado grabadas en la historia por las maravillas que han exhibido.
Este año, el turno es para Shanghai , convirtiéndose en la primera exhibición que tiene lugar en territorio mandarín. Con casi 20 millones de habitantes y la impactante herencia cultural que combina lo mejor de Europa y Asia; esta ciudad espera alcanzar más de 70 millones de visitantes entre mayo y octubre, que apreciaran detalladamente los trabajos de 230 participantes.
Bajo el lema de 'Mejor ciudad, mejor vida', China expondrá una visión del futuro con la que se quiere combinar el desarrollo industrial, la sostenibilidad energética, y la responsabilidad ambiental con el ordenamiento urbano. Dentro de esta concepción la aplicación de nuevas tecnologías, conceptos de construcción y una novedosa agenda científica serán el legado de Expo Shanghai.
Colombia estará presente con un pabellón dirigido por el empresario y diplomático Gustavo Gaviria Ángel, quien actúa como embajador para el evento. En esta ocasión, el reto, más que presentar la riqueza cultural que nuestro país realiza con éxito, como lo hizo en Hannover 2000 con el Pabellón Zeri del arquitecto Simón Vélez, es aprovechar la ocasión para estrechar los lazos comerciales con Asia y principalmente China.
Desde un punto de vista estratégico, Colombia debe llegar a Shanghai con el objetivo de posicionar productos y aprovechar la 'occidentalización' de los hábitos de consumo en China. Esto demanda entre otros factores saber introducir el café y sus productos derivados en los segmentos indicados.
Posicionar las flores como objeto decorativo, mercadear bien las esmeraldas para la joyería de alto nivel, difundir nuestra industria musical y cultural, abrir oportunidades para la confitería nacional, introducir las marcas de diseñadores nacionales en los nichos indicados, promover el turismo, afianzar intercambios académicos e incentivar la inversión asiática en infraestructura.
Expo Shanghai 2010 es una oportunidad para que en cinco meses nuestros empresarios se decidan a conquistar nuevos consumidores aunque les hablen en Chino.
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