Sin Uribe en la contienda presidencial, casi cualquiera de los candidatos importantes puede ganar la Presidencia de Colombia. Lo puede hacer Santos, Pardo, Fajardo, Vargas, Noemí, Ramírez o uno de los 'tres tenores', Peñalosa, Mockus o Lucho.
Lo primero es un hecho fácilmente comprobable: en Colombia, en elecciones presidenciales o de alcaldes, donde se manifiesta el voto de opinión o el grupo de votantes más grande es el de los sin partido, el endoso no funciona. El 'dedazo' del que se habla, para significar que el candidato preferido y ungido por Uribe será automáticamente el presidente de la República, simplemente no funciona.
No funcionó en el 98, cuando el candidato Serpa era el sucesor del presidente Samper. Y nunca ha funcionado en las elecciones de Alcalde de Bogotá, desde que Carlos Ossa, en 1988, aspiró con el respaldo del entonces alcalde Mayor Julio César Sánchez.
Lo que marca la preferencia mayoritaria de los votantes no es la seña del gobernante por popular que éste sea. Juegan factores de coyuntura que tienen que ver con el propio candidato y con los temas que están en juego en el momento particular de la reelección.
Y un segundo factor. En el escenario electoral a dos vueltas para elegir presidente, si el ganador no obtiene mayoría absoluta en primera vuelta, no importa cuán grande o pequeña sea la diferencia con el segundo en contienda, es más probable que éste -el segundo en votos en la primera vuelta- gane la Presidencia, por el simple hecho de que recogerá más fácilmente al resto de candidatos y sus seguidores.
¿Qué es lo que ocurre? Que esta compaña política no será, como muchos piensan y dicen, un plebiscito de apoyo o rechazo a Uribe. Eso ocurrió, evidentemente, hace tres años con la reelección del Presidente. En esa ocasión, mayoritariamente los colombianos se movilizaron a respaldar la continuidad de las políticas y el estilo presidencial.
Hoy, el escenario es distinto. Hay mucho -muchísimo- uribismo no reeleccionista. Gente, votantes de carne y hueso, que entienden que lo que está en juego no es la continuidad o no de la política de seguridad o la figura de Uribe, sino la vigencia de la democracia. Simple, pero contundente.
Y no estamos hablando de liberales o militantes del Polo Democrático exclusivamente, que indiscutiblemente tienen este discurso. Hablamos de empresarios, estudiantes, habitantes urbanos que ven amenazada la separación de poderes y la vigencia de la Constitución, como elemento clave e insustituible de la vida democrática de Colombia. Es un tema de independencia de las instituciones. De supremacía de éstas sobre las personas. Es un asunto de vigencia de las libertades, incluso de la libre empresa.
En lo que no han reparado los defensores del Estado de Opinión, que argumentan la popularidad del Presidente como fundamento principal de su nueva reelección, es que hay un 'Estado de Madurez Política' en Colombia, superior a cualquier otra consideración política en esta coyuntura electoral.
Muchos, creo, miran el caso de Chávez en Venezuela. Realidad muy distinta a la nuestra, sin duda. Pero una tendencia similar a aferrarse al poder a cualquier costo, incluso el de impedir la plena vigencia de la democracia que incluye la alternancia en el poder. Chávez, tan cercano a Bolívar, podría recordar una de sus frases célebres: "Huid del país donde uno sólo ejerce todos los poderes; es un país de esclavos".
Así las cosas, la campaña política promete ser interesante. Ojalá los candidatos acojan el llamado del Presidente de la Andi, que pidió propuestas económicas. En seguridad ya sabemos que habrá continuidad, sea cual sea el elegido.
rsantamaria@gravitascomunicaciones.com
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