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Martes 14 de Febrero de 2012

A Santa Rosa...

El Gobierno de Bogotá es, por obvias razones, el más expuesto a la observación nacional. Así, después de su periodo un alcalde de esta ciudad puede irse a Santa Rosa... o al charco, dependiendo de la percepción que los electores tengan de su desempeño al frente de la administración distrital.

A Samuel Moreno no le ha ido bien, hasta ahora, en varios temas críticos de la agenda metropolitana. La percepción tiende a coincidir con los hechos constatables. En eso le va la vida política a Samuel. Por su parte, el Polo Democrático Alternativo se la está jugando ahora mismo como partido de gobierno en la capital.

Debe reconocerse que esta administración ha tenido logros importantes en asuntos como el manejo presupuestal y financiero, la calidad de la formulación del Plan de Desarrollo, el mantenimiento de la dinámica de los programas sociales. La más dura apuesta del Alcalde está ahora mismo en la implantación y puesta en marcha del Sistema Integrado de Transporte Público (Sitp) de Bogotá. Aún cuando hay partes de la administración que no parecen haberse percatado, aquí estamos hablando del más importante acto de política pública, a escala mundial, en el campo de la movilidad metropolitana.

La licitación de la nueva operación del transporte colectivo, que reemplazará al esquema tradicional, es hoy la más grande y compleja en América Latina, y quizás del mundo entero. Y esto sin incluir en el paquete el negocio más jugoso: el del recaudo electrónico y del sistema de información que deben acompañar el nuevo mundo del transporte público en Bogotá.

Si para octubre del 2011 -como lo prevé la licitación- el Sitp estuviera plenamente puesto sobre el suelo de Bogotá; si hasta allá se llegara sin la intervención de intereses contrarios al interés público; si la transparencia se impusiera en el proceso; si la transición desde el transporte tradicional no produjera demasiados dolores sociales, si la gente de Bogotá quedara contenta con el nuevo mundo, entonces Samuel podría irse a Santa Rosa.

Si no, le espera un charco de aguas densas y fauna voraz. Lo curioso de esta historia es que la ciudadanía bogotana apenas comienza a darse cuenta de lo que le corre pierna arriba en cuanto a la movilidad de la metrópoli. Es brutal la ausencia de sociedad civil en Colombia: en otra nación la ciudadanía capitalina estaría hace rato en pie de alerta.

Ante los variados tropezones que ha tenido recientemente la ciudad en asuntos claves de seguridad, equipamiento e infraestructura, sería muy útil una discusión pública sobre la calidad del aparato burocrático distrital. ¿No será que, en conjunto, este cuarto de máquinas es malo en sí mismo, y que sus fallas van más allá de las administraciones específicas de la ciudad?

¿No será hora de examinar lo que ha ocurrido con la reforma administrativa que se aprobó durante la alcaldía de Garzón? ¿No será que el liderazgo, la visión clara y estudiosa, o el carisma personal de los últimos alcaldes y de los jefes de algunas unidades distritales han encubierto la mediocridad de la organización del Estado distrital? ¿Todos los retrasos, vueltas y revueltas y descontentos ciudadanos de los últimos meses, ¿son atribuibles a la gestión del Alcalde y su gabinete? ¿Cuál dosis de culpa le cae a la organización burocrática distrital?

Para tener un pensamiento estratégico colectivo, de largo plazo, sobre el deber ser de la capital colombiana, es necesario alcanzar un consenso sobre los requisitos del cuarto de máquinas, ese aparato que ve pasar los sucesivos gobiernos y que representa la cultura administrativa del Estado.

¿Cuánto hay allí de burocracia eficiente, y cuánto de pura imaginería?

cgonzalm@cgm.com.co

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
16 de febrero de 2010
Autor
CÉSAR GONZÁLEZ MUÑOZ Consultor privado

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