En Estados Unidos es común que los presidentes y algunos miembros del gabinete se concentren en escribir sus memorias una vez se retiran del poder. Los amantes de este género literario encuentran gran valor en él, ya que exaltan las visiones personales, descarnadas y profundas de quienes tuvieron a su cargo grandes responsabilidades.
Los escépticos por su parte no dejan de considerarlas como una modalidad narrativa sesgada, vanidosa y muchas veces encaminada a distorsionar el sentido de la historia.
El primer presidente norteamericano en aventurarse a dejar este testimonio fue James Buchanan con su libro Vispera de la rebelión, publicado en 1866, el cual intentó infructuosamente reivindicar su gestión en la Casa Blanca, manchada por la inacción en los preámbulos de la Guerra Civil. Otros como el general Ulysses S. Grant, quien ocupó la presidencia entre 1869 y 1877, alcanzó con sus memorias un enorme éxito editorial, describiendo victorias militares y emociones íntimas de la paz con los Estados Confederados.
Presidentes como Truman, Eisenhower, Nixon e inclusive Clinton, han dejado libros que combinan las complejidades del poder con sus anhelos y frustraciones personales, mientras que miembros del Gabinete como Dean Acheson, James Baker, Henry Kissinger, Robert McNamara, Madeleine Albright y Robert Rubin han aportado reflexiones que permiten apreciar, a través de sus ojos, los momentos más difíciles de diplomacia y la economía norteamericana en los últimos setenta años.
El reciente libro publicado por el ex secretario del Tesoro Henry M. Paulson con el título de On the Brink, en el cual narra minuciosamente la manera como se enfrentó la crisis económica del 2008 y se evitó que el sistema financiero mundial colapsara, es una de las mejores memorias políticas que se han publicado en los últimos años.
Desprendidas de vanidad y llenas de reflexiones ideológicas, describen la transformación paradójica de un exitoso banquero, defensor del libre mercado, en el líder del mayor programa de estímulo e intervención estatal en el sistema financiero norteamericano.
Con un estilo sencillo que se lee con la velocidad de una novela de suspenso, Paulson describe, día a día, la manera como se desató la mayor crisis económica desde la Gran Depresión, producto de las flaquezas de la regulación financiera, el acelerado endeudamiento norteamericano, la especulación compulsiva y la indiferencia política en épocas de aparente bonanza.
Momentos como la caída de Bearn Stearns, el rescate de Fannie Mae y Freddie Mac, la quiebra de Lehman Brothers, el salvamento de AIG y la crisis de Merrill Lynch, J.P.Morgan y Citibank son relatados en medio del desespero de los mercados, los cuales fueron estabilizados gracias a la coordinación entre los banqueros centrales y ministros de Hacienda del G-7, que utilizaron toda la pólvora fiscal y monetaria a su disposición.
Entre las lecciones que deja el libro está la necesidad de corregir urgentemente los desbalances globales entre E.U. y China, fortalecer la regulación financiera, evitar que los bancos adquieran un tamaño que obligue el rescate público, estrechar la relación entre los órganos legislativos y ejecutivos para actuar con rapidez en momentos de crisis y mejorar la coordinación entre los miembros del G-20.
En definitiva las memorias de Paulson servirán para que siempre recordemos lo que pudo ocurrir en el 2008, y que aún puede suceder si no se aprenden las lecciones.
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