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Martes 14 de Febrero de 2012

Película petrolera

Las cábalas sobre un angustioso agotamiento acompañan al petróleo desde su primera gran crisis hace casi cuarenta años (1973). En aquellos despreocupados tiempos valía 2 dólares el barril. Según doctas predicciones, para estas calendas ya no debería quedar ni gota. El día señalado se aplaza, sin embargo, cada vez que se aproxima. A la producción pico, parece no llegarse nunca.

La mayoría de los vaticinios sobre el fin de los hidrocarburos como fuente de energía fallaron por su alergia a las leyes del mercado y por su falta de fe en el ingenio humano. Muchos augurios ostentaban credenciales científicas tan lúcidas como las de los ecologistas más intransigentes de hoy. Prefirieron ignorar que desde cuando comenzó escasear la piedra para tallar flechas y hachas en el Neolítico, la mayoría de las carencias se han solucionado con el precio como equilibrador de la oferta y la demanda.

Y los precios harán lo suyo para que haya por mucho tiempo tanto petróleo como se necesite si bien, inevitablemente, los hidrocarburos de mañana serán más caros. Si la capacidad para almacenarlos y el dinero para adquirirlos no costasen, sería un gran negocio guardarlos. Es más, ello se está dando en cuantía enorme, en cuanto cuchitril y buque a flote disponible, a pesar de que la oferta mundial de crudo hoy excede con creces su demanda.

Lo que ha mantenido el barril a 70-80 dólares, a pesar de la indisciplina de la OPEP para ceñirse a cuotas, es la convicción de que el precio subirá. Sin ella se desplomaría. Cuánto va a prolongarse tan precario equilibrio dependerá de la velocidad de recuperación de las economías desarrolladas y de cuánto se demoren en desaparecer unos cinco millones de barriles diarios de capacidad, actualmente desempleada.

Sería deseable que se llegase paulatinamente a las alzas del crudo, con, por ejemplo, aumento progresivo de impuestos y castigos por la emisión de gases de invernadero hasta cuando la señal de precios sea clara.

Pero eso no va a suceder; la estupidez del hombre es lo único que casi se equipara a su ingenio para salir de líos. Primero se acentuarán los desequilibrios por el acceso (jamás antes imaginado) de multitudes al bienestar que proporciona un alto consumo de energía per cápita (incluye carrito).

Por otra parte, no se ve muy claro dónde se descubrirán o desarrollarán rápidamente nuevas fuentes de petróleo convencional, excepto quizá en Irak. La mayor parte de la oferta futura se originará en recursos heterodoxos y de maduración lenta: aguas muy profundas, arenas petrolíferas, gas de esquistos rocosos y en substitutos como los biocombustibles. Son fuentes que traen el pan debajo del brazo, o sea que requieren energía para producir energía. Su costo le pone piso a los precios.

Además, la oferta fresca no será lineal, como no lo serán los ahorros por eficiencia energética en países desarrollados. Eso lo enseña la experiencia vivida y muy probablemente, hacia adelante, la brecha entre las disponibilidades y la demanda se acentuará. Primero crujirán los dientes. Discontinuidades severas en los precios empujarán la oferta pero, como siempre en el pasado, precipitarán recesiones económicas y un nuevo equilibrio.

Un apasionante episodio del drama energético está por aparecer en pantalla. Con el paulatino agotamiento de grandes yacimientos se pronostica una reducción neta en la oferta petrolera de aquí al 2014 cercana al 1 por ciento. Para entonces la demanda se habrá ampliamente recuperado. Se le está apostando un dinero muy serio a esa película. El rodaje comienza antes de fin de año. No se la pierda.

sillar@etb.net.co

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
18 de febrero de 2010
Autor
RODOLFO SEGOVIA Ex ministro. Historiador

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