Particularmente se hace referencia al debilitamiento de algunas de las potencias tradicionales y al fortalecimiento de otros actores que anteriormente gozaban de una menor visibilidad y protagonismo. Indudablemente, esto viene generando grandes dificultades en la elaboración de estrategias políticas estatales, tanto a mediano como a largo plazo. La dificultad para encontrar respuestas efectivas por parte de los diversos actores de la comunidad internacional ante amenazas tales como organizaciones terroristas internacionales, crisis económicas, nuevas e impactantes carreras armamentistas, proliferación de armas nucleares, y el fracaso de los intentos por encontrar consensos en temas como el cambio climático, sin mencionar otros tipos de conflictos que ponen en riesgo la seguridad internacional, son algunas de las evidencias de lo difícil que resulta a los Estados enfrentarse al actual panorama de la política internacional. Necesariamente, circunstancias de esta índole llevan a preguntarse qué tipo de respuestas tiene la comunidad internacional para ofrecer ante esta marcada situación de incertidumbre global. Antes de entrar a buscar respuestas que satisfagan la curiosidad del internacionalista, resulta adecuado destacar que no es la primera vez que se atraviesa por coyunturas de esta naturaleza. La historia de la humanidad presenta numerosos ejemplos en que los cambios del contexto internacional fueron tan dramáticos e incluso trágicos, o más quizá, que los involucrados en los retos contemporáneos. Ante esas históricas circunstancias, la respuesta mayormente destacada fue la elección de políticas internacionalistas de seguridad colectiva y cooperación. El internacionalismo, entendido como la conciencia global de cooperación interestatal -como definición primaria- en lugar de preocuparse exclusivamente por intereses nacionales, ha venido contrastando fuertemente con el unilateralismo y se ha establecido como una característica clave de la evolución del contexto internacional durante el siglo anterior y la primera década del presente. El aumento y fortalecimiento del número de organizaciones de carácter global puede considerarse un indicador clave del crecimiento de las tendencias internacionalistas en la política mundial. Así, después de la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, existió la esperanza de una paz perpetua combinada con la incertidumbre sobre cómo mantenerla, ya que los viejos principios organizativos de la sociedad internacional perdían gradualmente su credibilidad. Este fue el contexto en el que, por primera vez en la historia, se intentó crear un sistema de seguridad colectiva, entregando su total responsabilidad a la Sociedad de las Naciones (SDN). De hecho, se habló de la SDN como la primera organización de cooperación multilateral que poseía un mandato global. A pesar de lo anterior, la idea de cooperación interestatal que sustentó a los diseñadores de esta tentativa de institucionalizar la seguridad colectiva fracasó, como consecuencia de la falta de voluntad de los diferentes actores estatales claves para el respeto de las reglas de juego de ese naciente orden mundial. La Segunda Guerra Mundial, de otro lado, superando significativamente las pérdidas de vidas humanas y económicas causadas por su antecesora, abrió nuevas posibilidades al proyecto internacionalista que se enraizaba en la cooperación como eje central para la estabilidad y la seguridad internacional. Fue, entonces, el contexto en el que la Carta del Atlántico generó el sistema de las Naciones Unidas. Creada hace 65 años, en el ocaso del conflicto, Naciones Unidas ha demostrado ser más resistente y flexible que su precursora debido a que sus diseñadores intentaron evitar los errores de sus predecesores. Incluso, la nueva organización sobrevivió a la Guerra Fría, siendo ésta un escenario no previsto al momento de su constitución. El aumento en el número de Estados miembros, de 51 en 1945 a 192 en el 2010, puede dar una interesante idea del fortalecimiento alcanzado por la organización. Pero el aliento se esfuma al analizar la década anterior. Fueron unos años en los que Naciones Unidas vivió preocupantes situaciones, algunas sin precedentes, como los casos de Ruanda, Afganistán y, por supuesto, la guerra en Irak -para sólo mencionar tres-. En ellos, la ONU no cumplió con las expectativas internacionales, generó cuestionamientos más profundos que la simple duda sobre sus capacidades actuales, debatiéndose, incluso, la misma supervivencia de la organización. Desde esta perspectiva, es probable que la unidad del mundo frente a la tragedia en Haití, no represente una evidencia del fortalecimiento del sistema de Naciones Unidas, sino del espíritu internacionalista frente al ámbito global de hoy en el que la incertidumbre acerca del presente y futuro de las relaciones entre Estados y naciones continúa siendo mayor. No obstante ese recuento, el último discurso de Barack Obama ante la Asamblea General del organismo, demostró que incluso la única superpotencia sobreviviente no puede seguir ignorando el resurgir de las tendencias internacionalistas. El hecho de que las ideas expresadas por el Presidente estadounidense no hayan sido aún implementadas de manera efectiva, contribuye, sin duda, a la persistencia de la incertidumbre que aqueja a las relaciones internacionales contemporáneas. Otra cosa es que a pesar de la tardanza en la implementación de nuevos mecanismos en la política exterior de ese país, las cosas vayan a permanecer inmóviles. Es altamente probable que los cambios sugeridos por el líder de la Casa Blanca empiecen a darse más temprano que tarde.
Todo lo confuso e incierto de la realidad global debiera dejar tranquilo al internacionalista -aunque no sea así- en la medida en que la incertidumbre no sólo genera dificultades y rivalidades, sino que a su vez abre un diverso abanico de oportunidades a quienes sepan leerle. Para los gobiernos, que buscan una respuesta a sus necesidades inmediatas en términos de política exterior, en un ámbito en el cual las viejas reglas de juego pierden su vigencia y las nuevas no están aún claramente definidas, los escenarios de carácter internacionalista, como el de la Organización de las Naciones Unidas, constituyen un espacio ideal para reducir los niveles de incertidumbre.
Acudir a medidas de tipo internacionalista es lo que le queda al cúmulo de Estados y actores que hoy conforman el sistema internacional y que aspiran mejores y más estrechos vínculos en procura de la preservación humana.
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