Aunque la percepción de muchas familias que cada mes hacen mercado en plazas y supermercados es que la comida está cara y que sus ingresos no les alcanzan para comprar todo lo que quisieran, lo cierto es que si comparan los precios de muchos alimentos frente a lo que costaban el año pasado por esta misma época, se darán cuenta que la cebolla, el arroz, el tomate de árbol, los bananos, la carne de res, el fríjol, las naranjas y la panela están definitivamente más baratos.
Al menos eso es lo que muestran las cifras del Dane, las cuales ratifican que Colombia entró en un ciclo de baja inflación y eso es lo que, según el experto en consumo Camilo Herrera, hace que la gente se vuelva más exigente con los precios. En años anteriores los colombianos estaban acostumbrados a que en enero todo subía de forma evidente. Ahora, como el costo de vida del año pasado solo subió 2 por ciento, la mayoría de precios debieron aumentar en la misma manera, por eso cuando algo sube más de la cuenta (por ejemplo un 4 por ciento), inmediatamente lo perciben los consumidores.
"La inflación cambió tanto en el último año, que los consumidores colombianos hoy se pueden clasificar en tres generaciones: los de inflación alta (más de 40 años), los de media (más de 30 años) y lo de baja (menos de 30 años), que actúan diferente y que se ven afectados de maneras particulares con las tasas de interés, ajustes de salario y cambios en los precio de servicios", sostiene Herrera.
Así, los nuevos consumidores del país son cazadores de promociones, compran rápido para evitar aumentos de precios, toman decisiones de compra más sofisticadas, pues comparan los productos no solo por el precio, sino también por su marca y valor agregado.
Pero independientemente de cómo compren hoy los hogares, si se desagrega la canasta familiar -que en abril registró un incremento anual incluso más bajo (1,98 por ciento)-, las cifras son contundentes: de los 181 productos que la componen, la cebolla es lo que más se ha abaratado. Hoy este ingrediente clave para casi todas las recetas, cuesta 35,21 por ciento menos que en mayo del año pasado.
Los cultivadores de cebolla atribuyen la baja a que en el 2008 hubo un buen precio, que no solo los motivó a sembrar más, sino a hacerlo en invernaderos, lo que evita que se afecten por los cambios de clima y ha permitido que hoy los precios sigan bajos, contrario a otros alimentos como el tomate (compañero inseparable de la cebolla), que también tuvo un impulso de producción que bajó su precio, pero hoy están volviendo a subir.
El peso de la tecnología
Y como la gente no solo gasta en comida, sino cada vez más en servicios, el segundo ítem de la canasta familiar que más ha bajado de precio, y que de hecho lleva tan solo dos años en la medición, es el teléfono celular.
Este aparato, que tienen 42 millones de colombianos, hoy cuesta en promedio 24,6 por ciento menos que en mayo del 2009. Por su puesto el rango de precios es muy amplio porque depende de la gama del celular, pero tanto los fabricantes, como los analistas coinciden en que la actualización tecnológica y la aparición de los teléfonos inteligentes, como los Blackberry, ha cambiado el mercado de celulares, impulsando los menores precios para poder llegar a un mayor número de consumidores.
En otras palabras, cada vez se producen teléfonos mejores y más baratos.
A este factor se suma otro que afecta los precios de todos los productos importados y es el abaratamiento del dólar. Hoy el billete verde cuesta 179 pesos menos que hace un año.
Como resultado, los computadores y las impresoras también se encuentra a la cabeza del escalafón de lo que más ha bajado. Al igual que los celulares, con el cambio tecnológico cada vez se consiguen a precios más cómodos y por eso hoy son 12,13 por ciento más económicos.
Otro gasto que se abarató por la revaluación son los tiquetes aéreos, a los que también los ha beneficiado la caída del precio del petróleo y la mayor competencia entre las aerolíneas. Los pasajes en avión han bajado 3,63 por ciento en el último año.
Efecto Venezuela
Los vehículos son igualmente beneficiarios del dólar barato, pero además, junto con el calzado (en particular el deportivo) y los cárnicos tuvieron un empujón adicional para bajar de precio: el cierre del mercado venezolano, que obligó a vender dentro del país lo que no se pudo exportar allá.
En total, 60 gastos básicos de la canasta familiar hoy están más baratos que hace un año y son los que sirven para que el Banco de la República esté optimista con respecto a la inflación y seguro de que este año podrá cumplir con la meta establecida, que es un aumento de entre 2 y 3 por ciento.
José Darío Uribe, gerente del Emisor, agrega otro factor adicional que explica el menor costo de vida y es la inercia con que comienza cada año, época en la que se ajustan muchos precios con la inflación del año anterior. "Es un fenómeno interesante porque cuando estábamos en el proceso de bajar la inflación, esa persistencia nos dificultaba el objetivo, pues la inflación tendía a quedarse en el nivel del año anterior, pero ahora que está baja tiende también a mantenerse y eso nos ayuda", precisa.
A comer por fuera de la casa
Los precios de los alimentos son uno de los gastos que más pesan a la hora de medir qué tanto se encarece la vida en el país. Por lo general se ha hablado de la papa como una de las principales responsables de que suba o baje la inflación (lo cual dependen de los ciclos de cosecha y del clima), pero hay otro gasto que está incluido dentro del grupo de alimentos, y que cada vez gana más protagonismo.
Se tata de la comida fuera del hogar, que hoy pesa 35 por ciento dentro del grupo de alimentos, y que si bien ha subido de precio (3,77 por ciento en el último año), no se ha incrementado tanto como esperaban en el Banco de la República.
La explicación para esto no es que los restaurantes estén bajando los precios de sus menús, sino que los incrementaron al mismo ritmo de los salarios, que en su mayoría subieron poco este año.
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