La popular familia 'Miranda', que con frecuencia asiste a los centros comerciales con un presupuesto que tan solo le permite comer helado, está en plena recuperación.
Aunque el desempleo sigue alto y se mantiene la percepción general de que la plata no alcanza, cada vez son más los hogares que se animan a comprar los llamados bienes durables (como electrodomésticos o carros) o incluso a gastar en cosas que no son consideradas necesarias.
En el primer semestre, por ejemplo, las compras de argollas crecieron 14 por ciento, para alcanzar los 829.609 millones de pesos y las de aguardiente sumaron 107.242 millones, subiendo un 13 por ciento, según los datos de la investigadora de consumo Raddar. Justamente, estas estadísticas llevan a firmas como Euromonitor a estimar que este año el gasto de los hogares en bebidas alcohólicas va a crecer 5,4 por ciento en valor y 0,6 por ciento en volumen. Algo similar va a ocurrir con las compras de dulces y de productos de panadería, que si bien no son tan importantes como las ventas de alimentos básicos o vehículos, sí dan una señal clara de que la preocupación por la crisis ya se superó y que de nuevo es posible gastar.
La misma plata
"No es que los colombianos sientan que tienen más plata en sus bolsillos, simplemente están más optimistas y eso es fundamental al momento de hacer compras", explica Marcela Meirone, gerente de mercadeo de Euromonitor para América Latina.
El positivismo de los hogares se evidencia además en el Índice de Confianza del Consumidor que mide mensualmente Fedesarrollo. En lo corrido del año ha aumentado en 20,9 puntos y desde el mínimo registrado en abril de 2009 la mejora es de 38,9 puntos. Es más, Roberto Steiner, director de Fedesarrollo, dice que el registro a junio pasado se ubica en niveles similares a los presentados antes del inicio de la crisis y lo atribuye a la decisión del Banco de la República de mantener bajas sus tasas de interés.
Los consumidores con más confianza son los de Barranquilla y los de menos, los de Medellín y la explicación, según Steiner, están en las condiciones del mercado laboral, pues la capital del Atlántico tiene la menor tasa de desempleo (7,8 por ciento) y Cali y Medellín registran un poco más de 14 por ciento.
Como resultado de la mayor confianza, cada vez son más los hogares que consideran que este es un buen momento para comprar y prueba de ello es que en el primer semestre se vendieron 107.065 carros, 24,5 por ciento más que un año atrás y si el rimto sigue así el 2010 podría convertirse en el tercer mejor año de la historia para la venta de vehículos.
A eso se suma el hecho de que en promedio el crédito crece este año a un ritmo de 4 por ciento, pero el destinado para compra de vivienda lo hace un 20,7 por ciento y el usado para consumo (tarjetas de crédito, vehículos y libre inversión) avanza 7,38 por ciento.
Hogares, claves para el crecimiento
La mayor disposición de los colombianos a comprar es buena noticia para comerciantes y empresarios, así como para quienes se dedican a hacer cábalas sobre el futuro del país, pues el consumo de los hogares es responsable del 63 por ciento del producto interno bruto, así que si gastan más, pueden ayudar a impulsar la economía. Por el momento, las proyecciones son positivas, pero hasta el primer trimestre, el consumo de los hogares crecía menos que el país (3,5 contra 4,4 por ciento) y según Roberto Steiner, de Fedesarrollo, eso se debe a que la sombra del desempleo pesa en las cuentas.
Un consumidor más exigente
La tendencia positiva en las compras de los hogares comenzó, según Raddar, en noviembre del 2009, cuando el consumidor se dio cuenta de que la crisis financiera y los malos augurios no se vieron realmente reflejados en su cotidianidad. Eso los motivó a adquirir más cosas por gusto, dinámica que se aceleró en época navideña y que se ha mantenido este año. A favor de las compras se han sumado la baja inflación, el dólar barato y las promociones, lo que incentiva el consumo de tecnología para el hogar como computadores y televisores (también impulsados por el Mundial). Como resultado, el consumidor es más exigente en materia de precios, pues ha asumido que estos están subiendo cerca de la senda del 2 por ciento, y los productos y servicios que se alejen de allí, comienzan a sentir la caída en sus ventas.
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