Alemania no se deja deslumbrar por sus buenas cifras de crecimiento económico y decidió emprender acciones que podrían ser tomadas como el ejemplo a seguir, una vez los países estén transitando en firme el sendero de la recuperación. El Gobierno que preside Ángela Merkel anunció ayer que pondrá en marcha un riguroso plan fiscal, con el que pretende ahorrar 80.000 millones de euros. El programa de austeridad, que había sido presentado en junio por Merkel, afectará principalmente a los subsidios que se entregan a los desempleados de 'larga duración'. Por tal razón, la medida fue criticada tanto dentro como fuera del país. Al interior, los opositores tildaron al proyecto de 'antisocial', mientras que en el exterior las quejas estaban encaminadas a señalar que la apretada del cinturón teutón terminaría por minar la recuperación mundial. El Gobierno alemán, sin embargo, desestimó las críticas y aprobó el paquete de medidas en busca de un mayor crecimiento. Cabe anotar que en el segundo trimestre de este año, el Producto Interno Bruto germano se expandió un 2,2 por ciento, con lo que confirmó que es la locomotora de la recuperación europea, y que está 'sobrada de lote' con respecto a los demás países del Viejo Continente que no han podido cuajar la anhelada recuperación. La medida no deja de ser polémica, pero demuestra la férrea disciplina alemana. El mensaje que envía el país con la puesta en marcha del plan al resto de Europa es claro: hay que retomar el camino para impedir que los déficit superen el 3 por ciento, tal y como lo exigen los estatutos de la Eurozona. Cuando la crisis presupuestaria estalló en países como Grecia y Portugal, Alemania midió la posibilidad de reducir el bloque con medidas más estrictas. Este plan se puede entender como un anuncio más de ese deseo.
Publicidad