Carlos Gustavo Álvarez
columnista

Aurelio siembra vientos

Carlos Gustavo Álvarez
Opinión
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
marzo 17 de 2016
2016-03-17 08:36 p.m.
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Los asistentes a la XVIII Conferencia Internacional sobre Palma de Aceite aplaudieron al ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri, cuando irrumpió en el Centro de Convenciones de Cartagena, en septiembre del 2015. El joven abogado, es también un carcamán, pero fluidamente habló bien de la palma de aceite. Con picardía de infidencia anunció el plan ‘Colombia Siembra’, instrumento gubernamental para ampliar en un millón las hectáreas sembradas al 2018. “Este país tiene mucho futuro –dijo Iragorri, y conté yo en la columna ‘Con la palma, de la mano’, en Portafolio–, pero no tendría el mismo futuro sin la palma de aceite”. También sostuvo que “había reclamado su botella de aceite de palma rojo, producto no transgénico, fuente natural de vitaminas A y B, y de antioxidantes y fitonutrientes, considerado ‘milagroso’ para evitar el proceso de envejecimiento”. Las declaraciones del funcionario fueron síntesis y colofón feliz para 6.000 cultivadores, 125 municipios, 20 departamentos y 150.000 trabajadores que tienen, gracias a la palma de aceite, su única alternativa de producción y empleo lícito.

Por eso cayó como pedrisquero la carta abierta que publicó Fedepalma el domingo 6-03-2016, rechazando la reducción a 0% de arancel a las importaciones de aceites vegetales y la suspensión de las franjas de precios a esos productos. ¿Qué había pasado, si eran tan buenos amigos y la palma de aceite estaba en la raíz de ‘Colombia Siembra’, como dijo el buen Aurelio? ¿Qué van a sembrar en el país cuando aceites crudos y refinados de producción subsidiada en Argentina, Malasia e Indonesia vengan a freír los productos nacionales?

La medida fue tomada por el llamado ‘comité antiagrícola de asuntos aduaneros y de comercio exterior’. Todo hacía parte de una supuesta cruzada contra la inflación, en cuyo ajuste de cuentas ya habían caído la lenteja, el fríjol y el ajo. Sin importar que se infligiera un castigo de enormes repercusiones económicas, signado por el número 13: pérdida de $220.000 millones, el 13% de los ingresos del sector, a unos aceites y grasas que solo contribuyeron con 0,13 puntos porcentuales a la inflación en el 2015. Tenemos dos entidades del gobierno que no se hablan, y que no han hablado con los palmeros ni la opinión pública, pero hay un hecho más grave. Según Fedepalma, “el Gobierno Nacional incumplió el compromiso de concertar las medidas definitivas, lesionando la confianza legítima que el gremio tenía en él”.

Todo parece indicar que ahora le toca el turno a los paperos. En el XVIII Congreso Nacional de Productores de Papa (al que no asistieron ni Aurelio, ni su Viceministro), rechazaron las intenciones de la industria procesadora de importar papa. Y esgrimieron que Aurelio los había respaldado, “y consciente del daño que esto causaría al sector, no permitiría que se realizara ninguna importación”, porque “las industrias deberían ayudar al campo colombiano y no engordar a agricultores de otros países”. Terminan arguyendo que un cambio en las posiciones del Minagricultura “afectaría fuertemente los lazos de confianza entre el sector papero y el gobierno”. Para qué te digo, Aurelio, pero me parece que eso ya pasó…

Carlos Gustavo Álvarez G.
Periodista
cgalvarezg@gmail.com

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