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Durante las últimas semanas hemos experimentado un triste espectáculo en las calles. Los estudiantes, que deberían ser motores del cambio, pidiendo que las cosas no mejoren.
Y más triste aún, el Gobierno decidió escuchar a esa minoría organizada y cedió a la presión de la protesta. Si algo está muy mal en Colombia es la calidad de nuestro sistema de educación.
Todas las pruebas internacionales confirman el pobre nivel de nuestros estudiantes. En todos los grados de formación, desde la básica hasta la superior, los indicadores son decepcionantes.
Con ingenuidad o manipulados, los estudiantes reclaman la educación pública y gratuita. El hecho de que ellos no quieran pagar no quiere decir que a la sociedad no le cueste.
El costo de la educación lo tiene que asumir la sociedad con impuestos y por ello es necesario exigir que los resultados de la educación pública puedan ser evaluados y mejoren constantemente.
La educación pública requiere poder calibrar el desempeño de los maestros, retirar a aquellos que no tienen la vocación o las calidades docentes y premiar con salarios más altos a los que estimulan a sus alumnos a obtener mejores resultados académicos. Para eso tenemos el Sistema Nacional de Pruebas, que permitiría evaluar de manera precisa cuáles son los buenos profesores y cuáles son los malos.
Esto, que es perfectamente lógico, es inaceptable por el cuerpo docente y por muchos estudiantes conformistas.
Nuestros profesores siguen siendo reacios a todo proceso de evaluación y de gestión por resultados. Atrincherados en una falsa idea de la calidad de la educación pública, proveen una formación anticuada, desarticulada y que no promueve el desarrollo de las habilidades necesarias para el hombre moderno. Para tener buenos alumnos se requieren buenos maestros que deben estar bien pagados sólo si cumplen bien su misión.
Hay que estimular a los buenos profesores que ven a sus mediocres colegas ganar el mismo sueldo por sólo asistir a unas pocas horas de clase y descuidar su labor de formadores de esperanza. Los sindicatos de maestros no aceptarán que los profesores reciban su remuneración dependiendo de la calidad de su trabajo. Ese es un gran reto político que este Gobierno debió haber asumido con visión.
Una propuesta de este estilo haría que los colegios públicos entraran en una sana competencia por tener los mejores resultados para tener profesores sobresalientes con salarios más altos.
Obligaría a los estudiantes a exigir mejores docentes y no a complacerse con maestros que no enseñan, pero cobran. Podríamos por este camino ir mejorando de forma gradual el nivel de nuestra educación.
En un país con tanta desigualdad, la educación es el único camino real para cerrar las brechas sociales. Hoy tenemos a los privilegiados que pueden acceder a una educación privada de aceptable calidad. Los menos favorecidos irán a colegios y universidades públicas a recibir una educación mediocre que, en lugar de abrirles puertas en la vida y brindarles oportunidades, los condenará al subempleo y a la frustración.
Qué tristeza ver movilizaciones de estudiantes que no exigen más horas de estudio, mejores maestros y más exigencia académica. Un país que no valora el esfuerzo de estudiar no tiene futuro.
Cuando a los jóvenes lo único que les importa es que no les cobren por una educación de pésima calidad, debemos preocuparnos. Es una señal de que la juventud no es parte de la solución, sino parte del problema nacional.
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58 comentarios
Por favor buscar un blog "estudianteenparo" hosteado en BlogSpot, alli esta su respuesta señor columnista, escrita por un simple estudiante universitario.
colombia pais de mediocres, la gente va a la universidad a conseguir amigos rumbear y , pocos van a estudiar, sin embargo se graduan y se hacen llamar doctores.
Para aprender no se requieren ni profesores ni universidades, sino mas bien muchos libros. El papel de la universidad mas que enseñar ni mucho menos "educar" mas bien es el de evaluar y certificar ciertas competencias mediante un carton.
Realmente pobre esta visión que dirige opinión. La educación es el único camino de salvación de un país, educación y reeducación, incluso para el autor, para todos nosotros.
Realmente pobre esta visión que dirige opinión. La educación es el único camino de salvación de un país, educación y reeducación, incluso para el autor, para todos nosotros.
Excelente articulo , refleja nuestra realidad la educacion no solo debe ser gratuita sino de calidad, parafraseando para tener buenos alumnos deben haber buenos maestros.
Excelente articulo , refleja nuestra realidad la educacion no solo debe ser gratuita sino de calidad, parafraseando para tener buenos alumnos deben haber buenos maestros.
Si se conociera la situación de la educación pública, no se haría este tipo de afirmaciones infundadas. Las evaluación e incluso un mecanismo tan complicado como la acreditación ha demostrado el papel significativo e importante de la educación pública.
Como dicen ciertos personajes muy sabios "No hay nadie mas idiota ni con menos criterio que alguien que todo el tiempo lee periódicos, revistas y ve noticias nacionales; solo con tres palabras que salgan de este tipo de personas reconoces su poca profundidad y parcialidad en sus opiniones".
Este articulo tiene muy merecido su titulo, QUE TRISTEZA LA IGNORANCIA DE SU AUTOR da pena el poco conocimiento que tiene del tema y su tendencia de lagarto. de verdad no se que sentimiento mas fuerte me embarga si el de tristeza, vergüenza o pena ajena.