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Miércoles 19 de Junio 2013

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‘Del afán no queda sino el cansancio’

Julio 18 de 2012 - 7:39 pm



No hace mucho tiempo, los países de este lado del mundo sostenían a raja tabla que no había mejor opción de política para el comercio internacional que aquella que estuviera regida por el multilateralismo, sistema basado en los principios de la ‘nación más favorecida’.

Sin duda, había razones poderosas para sostener esta tesis, pues los países en desarrollo podían estar en situación de desventaja en una negociación de tú a tú con economías avanzadas, en particular con EE. UU.

Aunque parezca fuera de tiempo, no deja de ser importante reflexionar acerca de las razones que se tuvieron para darle a la política comercial un viraje de 180 grados.

Como por ensalmo, nos volvimos amigos íntimos de los acuerdos bilaterales, sin medir bien las consecuencias que estos tengan en nuestra estructura productiva.

Para el caso, no hay sino que anotar lo que pueda ocurrir con la producción de bienes que compiten entre sí, pero cuyo tratamiento es distinto en el periodo de desgravación. Por lo pronto, el caso más representativo es el que se plantea en relación con los tratados firmados con EE. UU. y Vietnam.

El argumento de que los acuerdos bilaterales o regionales son útiles como un paso hacia acuerdos multilaterales mejorados es muy dudoso. El tipo de acuerdo multilateral al que quieren llegar puede ser más desequilibrado que uno al que accedan directamente, sin seguir la ruta más tortuosa. Concretamente, este enfoque sinuoso tiene un alto costo.

En la medida en la que hay una desviación comercial temporal, algunas industrias son fomentadas también por periodos cortos, solo para ser más tarde desalentadas.

No hay que olvidar que los costos de ajuste son altos. Con los importantes gastos de entrada y salida, y la escasez de capital, la carga sobre estas economías puede ser grande.

Con un inocultable afán de seguirle la cuerda a los países que hace tiempo tomaron la decisión de abrir sus economías, pero que cuentan con mejores condiciones para competir –caso Chile o México–, Colombia se dio a la tarea de alcanzarlos, y para tal efecto, se puso en la labor de firmar tratados a diestra y siniestra, debilitando un factor clave: la aplicación de la Cláusula de Nación Más Favorecida, con la cual los países se obligan a otorgar a los demás un tratamiento no menos favorable que el dispensado a otra nación.

Es cierto que como van las cosas en el mundo, aspirar a un comercio internacional multilateral linda con los límites de la utopía; de allí, la necesidad de trabajar en la línea de los acuerdos bilaterales. Empero, esto no puede llevar al desconocimiento de las asimetrías prevalecientes en los intercambios mundiales.

De allí que sea importante evitar, a toda costa, que ‘del afán no quede sino el cansancio’, peligrosa ruta por la que vamos transitando.

* * * * *

Dice la locución popular que ‘no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista’. Pasaron 37 para que Santafecito lindo volviera a saborear las mieles del triunfo.

Muchas fueron las frustraciones y enormes los desencantos acumulados en ese larguísimo periplo; no obstante, la devoción –debe quedar bien establecido que uno no puede ser hincha, sino devoto de la causa cardenal– y el estoicismo que nos caracteriza, posibilitaron el triunfo que hoy disfrutamos con todo derecho.

Gabriel Rosas Vega

Exministro de Agricultura

rosgo12@hotmail.com

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