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La nueva serie de televisión El patrón del mal, que según se informa está arrasando en sintonía, nos debe llevar a los colombianos a una serie de reflexiones sobre esta tormentosa, dolorosa y terrible etapa de nuestra reciente historia.
Habría que decir, para comenzar, que lo que Pablo Escobar y su endiablada maquinaria criminal representó para la Colombia de la década de los 80, es un hecho que como tal, puede ser abordado por la televisión, la prensa escrita, el cine, la radio o la literatura.
No debe haber tabú alguno que impida que el tema se trate en los diferentes medios de difusión.
Llama la atención que en Colombia los protagonistas de nuestra historia legal, de un lado no suelen escribir autobiografías o memorias que nos permitan conocer su testimonio directo, y de otro, no suscitan la atención que merecerían por haber contribuido a construir, nuestra nacionalidad desde el lado del derecho, la decencia y la moralidad. Los franceses leen aún las memorias de De Gaulle.
Los ingleses todavía devoran las memorias de Churchill o las biografías sobre este personaje del siglo XX. Aún hay libros, películas, series, sobre la vida de Lincoln, para citar un solo caso de los presidentes norteamericanos.
Entre nosotros, con la excepción de un pequeño, pero bello libro sobre sus primeros años, escrito por Alberto Lleras Camargo (que no abarca los episodios políticos de los cuales fue actor principal), no tenemos el testimonio escrito de nuestros presidentes, dirigentes políticos, o grandes actores de la vida nacional.
De la misma forma, no existe la gran serie de televisión, sobre Jorge Eliécer Gaitán, López Pumarejo, Ospina Pérez, Laureano Gómez, Darío Echandía, Lleras Restrepo, Luis Carlos Galán, Lara Bonilla, Guillermo Cano, el coronel Jaime Ramírez, Alfonso Reyes Echandía, López Michelsen, para citar solo unos casos.
En cambio abundan libros o series, sobre ‘Popeye’, Carlos Castaño, los Rodríguez Orejuela y otros personajes de siniestra figuración en el acontecer nacional.
En este último caso, se enmarca la serie sobre la vida criminal de Pablo Escobar Gaviria y su entorno mafioso, la que puede resultar interesante, si más allá de recrear los múltiples delitos cometidos por el capo, se muestra todo el contexto que hizo posible el surgimiento de este personaje, a las nuevas generaciones (millones de colombianos que hoy ven la serie no habían nacido o no tenían uso de razón cuando Escobar cometió sus sangrientas fechorías), se les ilustra sobre la laxitud con que la sociedad vio al comienzo el surgimiento del narcotráfico; la soledad en que dejó al brillante e impetuoso ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla; la manera como la clase política facilitó su vergonzosa llegada al Congreso; quiénes fueron sus aliados; de qué manera muchos empresarios ‘ilustres’ hicieron negocios con él; por qué las autoridades militares y de policía no lo capturaron a tiempo; quiénes fueron sus cómplices al interior de la Fuerza Pública; por qué el Estado le diseñó una legislación a su gusto para que se entregara; por qué ese mismo Estado le construyó una cárcel en sus terrenos y cuidado por sus propios compinches; cómo pudo darse el bochornoso espectáculo de la ‘Catedral’ y la fuga del capo, y por qué finalmente la Constituyente abolió la extradición de nacionales, que había sido la bandera en nombre de la cual Escobar asesinó entre otros, a Guillermo Cano, Carlos Mauro Hoyos, Luis Carlos Galán y tantos otros colombianos. Solo así, no traspasaríamos la frontera, que podría llevar a convertir la serie –contra el querer de los productores– en una especie de extraña apología del bandido.
Alfonso Gómez Méndez
Jurista - Político
gomezgomezabogados@cable.net.co
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