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“Van a chillar” dijo el presidente Santos refiriéndose a los ricos que no pagan suficientes impuestos en Colombia.
Este es, por el momento, el primer y único anuncio oficial sobre el enfoque que traerá la próxima reforma tributaria que ha sido preparada en sigilo monástico por el Ministro de Hacienda y el director de la DIAN.
Nadie duda que la estructura impositiva de nuestro país sea anacrónica, injusta y confusa.
Una reforma de fondo es algo que la economía necesita con urgencia desde hace años.
El régimen está lleno de privilegios sectoriales, castiga desmedidamente a los asalariados, desestimula el ahorro, fomenta el endeudamiento y penaliza la generación de empleo.
Lo que hay hoy es malo y debe ser modificado. Además, la DIAN es un organismo que se contenta con exprimir a los contribuyentes y los sectores legales en lugar de concentrar su acción en los evasores y los ilegales e informales.
Más allá de la retórica populista que cada día place más al Jefe de Estado, lo que está detrás es un profundo enfoque en el diseño de la política económica.
Desde el mandato de Álvaro Uribe, el énfasis se centró en generar condiciones de confianza para la inversión.
Durante años, la prioridad fue enviar el mensaje de que Colombia era un país estable donde los derechos de propiedad, las normas tributarias y el manejo macroeconómico eran predecibles. Incluso se promovieron figuras como las nuevas modalidades de zonas francas, los contratos de estabilidad tributaria, y se realizó una activa y exitosa campaña para atraer nuevos inversionistas al país. Los resultados de esa estrategia son muy positivos.
Pasamos de tener promedios de inversión extranjera menores que dos mil millones de dólares anuales a principios de siglo a los 15 mil millones de dólares registrados el año pasado.
Las imágenes políticas, como la de hacer chillar a los ricos, pueden ser útiles para los titulares, pero envían señales confusas a la comunidad empresarial.
¿Quiénes son ricos? ¿Quiénes son los ricos evasores? ¿Quiénes deben comprar pañuelos? Como nadie conoce lo que trae la reforma tributaria, hay sectores que han decidido esperar a conocer el enfoque del proyecto antes que tomar decisiones de fondo. Es probable que el texto solo castigue a los evasores.
Pero como las actividades productivas están imbricadas, es posible que sectores que no deberían terminen llorando.
Si lo que se trata es mantener un clima estable para el desarrollo de los negocios, los mensajes sobre expropiación de tierras para proyectos de vivienda gratuita tampoco son tranquilizadores luego de las expropiaciones en Venezuela, Ecuador o más recientemente en Argentina.
Gobernar es comunicar.
Por ello, los mensajes de los gobiernos comprometen al Estado. Un titular puede dar réditos políticos de corto plazo, pero producir daños económicos. La incertidumbre que generan ciertas declaraciones efectistas puede enviar señales preocupantes a una comunidad empresarial que ha tenido, en América Latina, una larga historia de malas sorpresas.
Miguel Gómez Martínez
Representante a la Cámara y profesor del Cesa
representante@miguelgomezmartinez.com
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