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Martes 22 de mayo 2012

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Convenzámonos: es un recurso escaso

febrero 22 de 2012 - 8:35 pm



Con el aumento de la competencia por el agua, el espacio para una mayor ex- pansión de la irrigación es limitado.

Aunque la gran mayoría de los colombianos no lo crean, el agua es un recurso escaso que es necesario cuidar y administrar con diligencia. No puede ser que al amparo de impulsos emocionales se tomen decisiones que apuntan en la dirección de estimular el desperdicio y el sobreconsumo. El hecho de que aún en nuestro país no se sienta el impacto de la escasez, no es razón para destruir las fuentes de agua o agotarlas.

La agricultura usa entre el 75% y 85% del agua consumida en las naciones en desarrollo, en particular en irrigación. Por tal motivo, el Presidente del Banco Mundial sostiene que “el aumento de la productividad agrícola resulta esencial para estimular el crecimiento de otros sectores de la economía. Sin embargo, para acelerar el proceso, se requiere un fuerte aumento de la productividad de los pequeños predios agrícolas, gestión que está ligada a la disponibilidad del agua”.

Efectivamente, el mantenimiento de una elevada productividad de la tierra irrigada es clave para alimentar a buena parte del mundo en desarrollo; empero, mirándose al espejo, no hay más remedio que aceptar que las tendencias futuras son altamente preocupantes. Son varios los países que han experimentado serias y cada vez peores escaseces de agua, se estima que entre el 15% y el 35% de su utilización para la agricultura irrigada es insostenible –el uso del agua excede su oferta renovable–. A manera de ‘recorderis’ permanente, no se puede pasar por alto el hecho de que sin irrigación, el aumento en los rendimientos y en el producto que han alimentado a la creciente población mundial y estabilizado la producción de alimentos, no hubieran sido posibles.

La demanda por agua tanto para usos agrícolas como no agrícolas está aumentando y su escasez se está tornando muy aguda, limitando el futuro de la expansión de la irrigación. El desarrollo de nuevas fuentes es costoso, reduciendo el potencial para la expansión y la construcción de nuevas represas y con frecuencia implica elevados costos ambientales y reasentamiento humano.

Sin lugar a equivocación, se puede afirmar que la inadecuada administración del agua está llevando en muchas zonas del mundo –porqué no decirlo, de nuestro país–, a la degradación de la tierra en sectores irrigados por la salinización y la saturación. Este último fenómeno ocurre de manera usual en ambientes húmedos, en áreas irrigadas en exceso e insuficiente drenaje. Por supuesto, el resultado es una disminución en la productividad y una pérdida de tierra agrícola.

Una mejor administración del agua e inversiones en las fincas –dicen los expertos–, como la nivelación del suelo y los drenajes, pueden rectificar estos problemas, pero ocurre con frecuencia que requiere de sustanciales inversiones en infraestructura fuera de los predios, fuertes instituciones para la administración del agua, acción colectiva y una buena compresión de la hidrología.

En resumen, con el aumento de la competencia por el agua, el espacio para una mayor expansión de la irrigación es limitado. Entonces, la agricultura debe satisfacer la futura demanda de alimentos mediante el mejoramiento de la productividad del líquido, en sectores irrigados y en los dependientes de la lluvia. Las proyecciones muestran que las mejoras en los rendimientos en áreas irrigadas existentes, antes que una expansión adicional, serán de mayor crecimiento en la agricultura irrigada. 

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