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Martes 22 de mayo 2012

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Dickens y la justicia social

febrero 8 de 2012 - 10:22 pm



Hace pocos días se cumplieron 200 años del nacimiento de Charles Dickens, sin lugar a dudas, el escritor más influyente de la era industrial británica.

Su vida y lucha intelectual serán recordadas como una leyenda, a través de la cual el escritor de ficción, convertido en héroe, logra con la fuerza del lenguaje detonar las más importantes reformas sociales de la historia victoriana.

La obra literaria de Dickens es, de alguna manera, un recuento autobiográfico y la más pura manifestación de preocupación por los derechos de la infancia y la clase trabajadora.

Siendo tan solo un niño, que bordeaba la preadolescencia, tuvo que ver cómo su padre fue enviado a la cárcel agobiado por la incapacidad de solventar deudas.

Durante los años de encierro, en los que su imagen paternal fue sometida a la justicia, Dickens se vio obligado por el destino a vivir con otra familia y ganarse la vida laborando jornadas abusivas en una fábrica de betunes.

Con esa cicatriz de la niñez y luego el regreso a la libertad de su ídolo, la cual se favoreció intempestivamente con la herencia de un familiar, se fue moldeando la talla implacable de un artista, capaz de retratar la realidad social de su época con precisión cartográfica.

Libros como Los papeles póstumos del Club Pickwick, son una fina burla del arribismo burgués y una señal de alerta frente a los riesgos de una sociedad que desprecia la desgracia de los menos favorecidos.

Oliver Twist, el niño huérfano que padece el abuso de una comunidad inmisericorde y el terror del crimen organizado, fue la historia de carcajadas y lágrimas que en sus entregas por capítulos, estremeció a toda una sociedad, sirviendo de evidencia para la reacción estatal.

En Una canción de Navidad, sale a relucir el fantasma idealista detrás del escritor, luchando por transformar los valores morales. Pero la obra literaria de Dickens no puede ser vista sólo mediante la ficción.

Su ejercicio magistral del periodismo llega a la cúspide con la fundación de la revista Household Words, la cual entre 1850 y 1859 logró, los últimos días de cada mes, servir de tribuna abierta para denunciar las arbitrariedades contra los trabajadores, el maltrato infantil y la precariedad de la salubridad pública, en medio de la gran fiesta denominada Revolución Industrial.

Los detractores de Dickens lo tildaron de ingenuo y minimizaron sus juicios políticos limitándolo al de un prosista angustiado por la sensibilidad artística.

A pesar de la crítica, Household Words siempre floreció debido a la mágica conexión con el ciudadano común.

Preocupado por la frialdad de los dogmas académicos, no tuvo reatos en indicar frente a la nueva disciplina de la economía política, en uno de sus editoriales, que “esta no es más que un esqueleto, mientras no cuente con ropaje y calidez humana”.

Dos siglos después de su nacimiento, Charles Dickens y sus obras siguen siendo un verdadero monumento a la conciencia social.

Iván Duque Márquez

Analista - Consultor internacional

ivanduquemarquez@gmail.com

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