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El ser querido muere a la madrugada, y a la tarde ya está enterrado o cremado, mientras los dolientes son bien inconscientes del daño que se causan.
Se está imponiendo la funesta costumbre de hacer todo rápido, sin velación y con algún ritual a la carrera.
Hacer duelo, duele, y erróneamente se cree que lo mejor es salir de eso rápido, pero el daño emocional es inmenso porque así no se procesa o elabora una pérdida.
Sí, en esta sociedad de comida rápida, romances rápidos y divorcios rápidos –qué falla–, llegó el ‘duelo rápido’, y ojalá los comunicadores le den importancia a este tema debido a sus graves secuelas en la salud integral.
La sabia corriente de Slow Life, Slow Food o Slow Love es de pocos, y lo que se impone en este mundo son las carreras desaforadas en la vida y, ahora, en la partida.
Es como un deseo de escamotear la hermana muerte, de no enfrentarla y evitar, a como dé lugar, el dolor, incluso a costa de la salud mental, emocional y física.
De hecho, todo duelo mal procesado causa estragos y enferma al que evade pasos necesarios.
Hasta donde sé, por mi servicio de años a personas en duelo, esta plaga se inició en Medellín y tiene un nombre burdo: lo llaman ‘camillazo’, o sea, de la cama o camilla al crematorio. Ahora bien, ¿qué pasa cuándo se corre en un duelo?
Que ni la mente ni el corazón aceptan eso y después llegan los problemas: ansiedad, sentimientos de culpa, insomnio, pesadillas, vacíos, desubique, angustia y malestares físicos.
Un duelo hay que saber vivirlo, y en todas las culturas hay rituales y apoyos, como los que tienen los judíos cuando celebran La shive, al morir un ser amado.
Es un ritual muy elaborado, pero encierra su sabiduría. Una pérdida pide un proceso lento, y más cuando es la muerte de un hijo, la madre, la pareja, o una muerte fue violenta o abrupta.
El ‘duelo express’ es grave; y debemos retornar a una vida y una muerte serenas y sin acelere.
Cuando todo es un frenesí y a las carreras, lo único que ganas es tensiones, un estrés creciente, un carácter explosivo y serios problemas en las relaciones y la salud. Hay que replantear un ‘ritmo de vida’, que en realidad es de muerte, de agitación y superficialidad. Examina tus prioridades y lleva una vida plácida, sin vértigo, calmada y alegre.
Aprende a relajarte y a meditar, deja de correr y haz más turismo interior.
Ojo, una Fast Life lleva pronto a una Fast Death, que hoy se clausura con una Fast Grief, un duelo veloz.
Slow Life es desacelerar tu vida sin caer en la indiferencia o la pasividad. Aligera tu agenda y esquiva actividades que te llevan al agotamiento u al hospital.
El reto es amarte, nadar contra la corriente y trabajar para vivir, en lugar de vivir para correr, saturado de trabajo.
La velocidad de la Fórmula Uno es desastrosa en la vida, y tu corazón te dará las gracias si no te sofocas con una agitación endemoniada.
Cálmate, recupera tu energía vital y dale un nuevo oxígeno a tu vida.
Gonzalo Gallo G.
Escritor – Conferencista
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