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Atrás quedaron los tiempos cuando un rescate de 100.000 millones de euros podía resolver una crisis.
El lunes pasado muchos apostaron que con semejante salvavidas a los bancos españoles, la crisis del euro iba a quedar conjurada. Pero pronto quedó claro que el nubarrón sigue ahí.
Seamos claros: ese rescate sirvió para apagar un incendio, pero el problema de fondo sigue intacto.
La millonaria ayuda apenas sirvió para atenuar los temores sobre el sistema financiero español, pero la pregunta central de la crisis sigue sin respuesta: ¿podrán pagar sus deudas países como Irlanda, Grecia, Portugal y España?
La cosa es bastante difícil. Los tres primeros tienen una deuda pública que supera el 100 por ciento de su PIB, y la economía de los tres últimos se está contrayendo.
Si ni siquiera hay crecimiento para generar excedentes, ¿cómo se pueden pagar semejantes deudas? Para colmo de males, la imposibilidad de devaluar sus monedas (por pertenecer a la Zona Euro) limita su capacidad de aumentar su competitividad y profundiza el estancamiento.
El problema del euro no se resolverá mientras las autoridades europeas, encabezadas por el Gobierno alemán, insistan en que la única solución para las economías endeudadas es apretarse el cinturón.
Esa solución tal vez tenga sentido desde la perspectiva de la equidad: los contribuyentes de los países que han tenido un manejo macroeconómico correcto no tendrían por qué andar rescatando a otros que gastaron más que lo que ganaban.
Pero el apretón del cinturón conlleva problemas económicos y políticos que lo hacen inviable.
Un ejemplo de las limitaciones económicas es España. Si el Gobierno ibérico sigue la receta europea tendría que reducir su déficit de más de 8 por ciento del PIB este año a 3 por ciento en el 2014. Eso significaría un inmenso frenazo para una economía que este año se contraerá 2 por ciento y cuyo desempleo ronda el 25 por ciento.
En circunstancias como esas el drástico apretón ya no genera excedentes, sino que puede matar de inanición al enfermo.
El problema político se ilustra con lo que sucederá en las elecciones de este fin de semana en Grecia.
Según las encuestas señalan es probable que gane el partido que rechaza las medidas de ajuste impuestas por las autoridades europeas, lo que en la práctica dejaría a Grecia a punto de abandonar la Zona Euro.
Para solucionar de veras la crisis europea se requiere una receta que combine la austeridad con el crecimiento, que asegure los depósitos de los bancos vulnerables, y que reconozca un mínimo nivel de solidaridad de todos los países de la zona con la deuda de las economías en problemas.
Mientras no se diseñe esa receta Europa seguirá de incendio en incendio, y el crecimiento de economías como la colombiana seguirá seriamente amenazado.
Mauricio Reina
Investigador Asociado de Fedesarrollo
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