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Viernes 19 de Diciembre 2014

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Ironías económicas

Agosto 9 de 2011 - 7:47 pm



 

Somos muchos los que aún recordamos el prestigio de la economía nipona de los años 70 y 80. Luego de 15 años de crecimiento despreciable, Japón ya no es el modelo de productividad, calidad y consenso que tanto nos maravilló. Pocos pensaron que el nacimiento del euro, uno de los hitos de la historia monetaria moderna, terminaría convirtiéndose en una pesadilla para el primer mercado del planeta, la Unión Europea.

¿Y quién hubiera imaginado la rebaja de la calificación de EE. UU. acontecida hace unos días?

Resulta irónico que por décadas los grandes organismos financieros internacionales criticaron al mundo en vías de desarrollo por la irresponsabilidad de sus políticas económicas para ver hoy a EE. UU., la UE o Japón en asombrosas condiciones de fragilidad.

Mientras el mundo desarrollado tiembla por los efectos de la crisis internacional, la mayoría de los países emergentes se mantiene en una perspectiva económica positiva.

Luego de décadas de crisis y recesiones, estos aceptaron el llamado de la ortodoxia y desmontaron subsidios poniendo en cintura sus finanzas públicas. Con coraje político dieron prioridad a la lucha contra la inflación asumiendo los costos sociales que este tipo de medidas implica.

Conscientes de sus debilidades en materia de productividad, abrieron sus economías para estimular la competencia y renovar sus aparatos industriales.

Hoy reciben los beneficios de adoptar esquemas macroeconómicos serios y sostenibles.

Colombia es un buen ejemplo de este proceso. A pesar de muchos lunares existentes, nuestro manejo económico ha sido tradicionalmente cuidadoso y prudente. Salvo los años irresponsables del Gobierno de Samper, que nos llevaron a la crisis de final del siglo pasado, nos hemos caracterizado por contar con un consenso en los temas de política económica.

Con niveles crecientes de inversión extranjera y nacional, bancos con excesos de provisiones, inflación controlada, desempleo a la baja y un déficit fiscal elevado, pero financiado, tenemos buenas perspectivas de crecimiento. Una mirada a las grandes economías en crisis muestra que hicieron todo lo contrario. Años de política monetaria laxa indujeron la peor burbuja crediticia de la historia. Para controlar sus efectos se optó por la más grande inyección de liquidez que la economía tenga registro.

Los desequilibrios fiscales se dispararon afectando la credibilidad de los gobiernos y poniendo a prueba los sistemas políticos.

Lamentable fue el espectáculo del legislativo estadounidense, incapaz de buscar una salida estructural al torniquete de la deuda. La última víctima política ha sido el presidente socialista del Gobierno español, Rodríguez Zapatero, obligado a llamar elecciones anticipadas, acosado por la recesión económica.

El resultado de estos errores se refleja en la evolución negativa de las monedas y las bolsas. La debilidad del dólar traslada el problema de competitividad estadounidense al comercio mundial.

Y la caída de las bolsas se contagia por la integración de los mercados financieros. Es injusto que las economías emergentes tengan que asumir una parte del costo de la recuperación.

Ha llegado el momento en que la economía les pasa la cuenta de cobro a los ricos irresponsables.

Es hora de que asuman los retos que se les plantean sin más dilaciones, pues de lo contrario el mundo puede entrar nuevamente en una grave recesión.

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